Haaretz. 10/3/2026

La guerra para Netanyahu es como ganar la lotería

El historiador israelí Yechiam Weitz analiza el trasfondo político de la guerra impulsada por Benjamin Netanyahu y sostiene que el conflicto le resulta funcional para reforzar su liderazgo y diluir su situación judicial. La columna, publicada en Haaretz, cuestiona la narrativa heroica que el propio Netanyahu intenta construir.
Por Yechiam Weitz

En los primeros días de la guerra contra Irán, bautizada con el nombre más heroico posible —»El rugido del león»— Benjamín Netanyahu se comporta como si no fuera un primer ministro corrupto y fracasado, sino Winston Churchill, el insigne primer ministro de Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. «Todo el mundo escucha nuestro rugido del león», declaró con arrogante fanfarronería.

Pero Netanyahu decidió desencadenar esta guerra no por razones nacionales ni militares, sino por razones completamente personales.

La primera razón es su juicio penal. Incluso antes de la guerra, hizo todo lo posible para evadir las sesiones del tribunal (con plena aprobación de sus jueces, que pasaron de ser respetados magistrados de distrito a convertirse en un grupo de aduladores), y la guerra le ofrece otra excusa magnífica para esquivarlas. Es muy probable que incluso después de la guerra tan aclamada tampoco comparezca regularmente en la sala del tribunal.

La guerra también refuerza su exigencia de recibir un indulto general y, con ello, anular el juicio, a pesar de que su demanda contradice las normas legales que regulan el proceso de concesión del indulto. Desde ya se presenta a sí mismo como un comandante glorioso. Pues bien, el presidente del Estado, Yitzhak Herzog, cuya columna vertebral es bastante floja, se verá obligado a conceder un indulto completo a alguien a quien él equipara con Bar Kojba. No es apropiado que alguien que salvó al pueblo judío cargue con una mancha penal. Eso no corresponde.

La segunda razón de la decisión de Netanyahu de ir a la guerra es el hecho de que se le asocia con el terrible fracaso del 7 de octubre de 2023 y todo lo que ocurrió después. A pesar de que él sostiene que no es en absoluto responsable de la masacre ni de los secuestros, una parte considerable del público lo considera el principal responsable de más de mil víctimas civiles en la masacre —hombres, mujeres, niños y ancianos—, de los cientos de soldados caídos y de los secuestrados que murieron en cautiverio porque él cedió a las amenazas y presiones de los ministros racistas de su gobierno y retrasó los acuerdos para su liberación.

La tercera razón para ir a la guerra es que, a raíz del conflicto, el golpe judicial que está convirtiendo gradualmente a Israel en un Estado menos democrático y más autoritario ha desaparecido casi por completo del debate público, aunque avanza a plena velocidad. Yariv Levin, el ministro anti-justicia, impulsa, bajo la cortina de humo de la guerra, cada vez más medidas que dañan al sistema judicial. Y el público vio cómo Amir Ohana, presidente del anti-Parlamento, humilló a Yitzhak Amit, presidente del Tribunal Supremo, y no lo invitó a la ceremonia en honor al primer ministro de la India. El gran comandante Netanyahu lo supo, pero no dijo una palabra.

Y la cuarta razón: Netanyahu cree que el halo de comandante le ayudará a ganar las elecciones para la 26.ª Knesset. Si así ocurre, tendremos de nuevo un gobierno corrupto y racista.

Netanyahu se dirigió al pueblo iraní y declaró: «Ha llegado el momento de que se levanten por su libertad». Es un llamado que también vale para los israelíes. Hay que poner fin, mediante elecciones democráticas, al gobierno despreciable y destructivo de Netanyahu y su gabinete.

* Historiador y catedrático de la Universidad de Haifa

Traducción: Bemy Rychter