El Éxodo de la Indiferencia: Pesaj y la Crítica de la Razón Libertaria

Por una ética del "nosotros" frente al espejismo del "yo absoluto".
Por Andy Faur *

Nuestra modernidad tardía, posmodernidad llaman algunos, nos presenta una cruel paradoja: nunca antes en la historia hemos tenido tantas opciones de consumo y, al mismo tiempo, nunca los individuos nos hemos sentido tan huérfanos de un propósito común. En este escenario, el resurgimiento de un libertarismo radical -aquel que propone la disolución de lo social en favor de un individualismo absoluto- interpela directamente la narrativa de Pesaj. Si el libertarismo es la consumación del «Yo individualista», Pesaj es la materialización del «Nosotros colectivo».

Frente a aquellas visiones coyunturales (y por lo visto de moda) que sostienen la libertad absoluta del individuo, de tal manera que, en ciertas circunstancias, tiene derecho incluso a vender a sus hijos, invadir un país si tiene la capacidad o responde a sus intereses o contaminar los ríos con sus fábricas si es necesario, Pesaj se plantea como una defensa de la responsabilidad colectiva frente a la globalización atomizadora.

Pesaj y el significado de la Libertad

Cada año, al sentarnos a la mesa del Seder, repetimos una frase que hoy suena más disruptiva que nunca: “Este año somos esclavos, el que viene seremos libres”. Pero, ¿qué significa ser libre en este siglo XXI, que parece haber canjeado la emancipación colectiva por un libertarismo de mercado que roza lo mesíanico?

Si leemos con detenimiento la Hagadá de Pesaj desde una interpretación de la ética social, descubrimos que la salida de Egipto no fue un «sálvese quien pueda», ni el triunfo del individuo que decide que no le debe nada a nadie y que el Estado -o el Faraón, en su versión estatista- es su único enemigo. Por el contrario: el relato de Pesaj es la historia de una construcción colectiva.

En la narrativa bíblica, la libertad no es un fin en sí mismo. La festividad de Pesaj no celebra una «libertad de» (negativa), sino una «libertad para» (positiva). En términos de Isaiah Berlin (Two Concepts of Liberty), la salida de Egipto no es la mera remoción de obstáculos externos, sino el inicio de una autodeterminación vinculada a un proyecto ético.

Frente a este loable concepto liberador, el libertarismo actual, especialmente en sus vertientes más «anarcocapitalistas» o «paleolibertarias», propone una libertad atomizada basada en la propiedad privada absoluta y el principio de no agresión (conocido como NAP). La colisión entre estas dos cosmovisiones no es sólo política, es ética y moral en su esencia.

La libertad no es un desierto

El libertarismo en su formato más radical nos propone una idea de libertad negativa: la de ausencia de interferencia, es decir «Soy libre, si nadie me dice qué hacer». Esta es una libertad de consumidor, no de ciudadano; una libertad cuyos límites son estrechos y limitados.

Sin embargo, el concepto hagádico de libertad (Jerut) es mucho más significativo y profundo. No es simplemente escapar de las cadenas del Faraón para ir a hacer lo que uno quiera en el desierto. La salida de Egipto tiene un destino: el Sinaí. Y en el Sinaí lo que hay es un Pacto, un pacto de unidad y de responsabilidad mutua.

Aquí reside la gran diferencia filosófica entre las dos visiones:

  • Para el libertarismo radical: el otro es un competidor o, en el mejor de los casos, un socio contractual. La libertad es el derecho de las personas a comportarse con indiferencia respecto a los demás.
  • Para la ética de Pesaj: el otro es mi responsabilidad. La libertad sólo es posible si hay una ley que proteja al huérfano, a la viuda y al extranjero. Sin responsabilidad por el prójimo, la libertad no es más que una nueva forma de esclavitud: la del ego.

El Seder de Pesaj como manifiesto anti-individualista

Dato curioso es que, en el momento cumbre del Seder de Pesaj, lo primero que hagamos es tomar HaLajma Aniá, el pan de la pobreza, y decir: “Todo el que tenga hambre, que venga y coma…” y no: “El que tenga mérito y haya trabajado duro, que se compre su comida». No nos preguntamos quién merece el pan; simplemente lo ofrecemos.

Esa invitación es la antítesis de la meritocracia extrema. Es el reconocimiento de que mi libertad es incompleta mientras el de al lado tenga el estómago vacío. La ética de Pesaj nos dice que no hay «yo» sin un «nosotros».

En el discurso libertario actual, el éxito es visto únicamente como fruto del esfuerzo individual (meritocracia), que busca desarticular el concepto de solidaridad social para dejar solo individuos aislados, librados a la suerte de su propia capacidad de acumulación. Aquellos que quedan atrás son vistos como (ir)responsables de su propio destino…

El ritual de las Diez Plagas también nos recuerda que el bienestar de una sociedad basada en la opresión política, social o económica es frágil y termina en un desastre colectivo. La libertad del Faraón (de hacer a su antojo con sus súbditos) terminó destruyendo su propio ecosistema. Pesaj es una especie de advertencia temprana contra un neo-capitalismo salvaje que devora las propias bases sociales, económicas y ambientales de los paises.

En definitiva, el Seder de Pesaj es, en esencia, un ritual de pedagogía política. Al invitar a «todo el que tenga hambre», el judaísmo ético está desafiando la lógica del mercado y de la competencia meritocrática.

¿Libertad para elegir o libertad para ser?

Hoy escuchamos gritos tales como «Viva la libertad» o similares, que en realidad son gritos de desamparo. Se confunde la libertad con la desregulación total. Pero Pesaj nos enseña que la verdadera libertad requiere estructuras de cuidado. Los hebreos no salieron de Egipto para ser nómadas anárquicos; salieron para construir una nación basada en una Ley (marco regulatorio y mediador entre las personas), en la justicia social, la responsabilidad colectiva y el compromiso recíproco.

Si la libertad es solo el derecho a elegir entre tres marcas de detergente mientras se destruye la red de seguridad social del vecino, entonces no hemos salido de Egipto; solo hemos cambiado de Faraón. El Faraón de hoy ya no usa látigos ni trabajos forzados, usa algoritmos y redes sociales, con promesas fútiles de éxito y progreso individual.

La «Libertad libertaria» es una «libertad de desentendimiento». Pesaj, en cambio, propone una «libertad de involucramiento». No se sale de Egipto para ser un «individuo soberano» en el vacío, sino para formar parte de una comunidad donde la vulnerabilidad del otro es mi límite ético.

Esta es una «libertad de responsabilidad», donde somos libres precisamente porque somos capaces de responder por el otro. El esclavo hebreo no se libera para «pertenecerse a sí mismo», sino para cambiar de pertenencia. En la base moral del Éxodo, subyace la revolucionaria idea de que la libertad no es la ausencia de un amo, sino el cambio de un «amo individual» (Faraón) por un «amo colectivo» (sociedad/grupo/colectivo/comunidad), que representa la pertenencia a un entramado social que me libera y me protege simultáneamente.

No se puede seguir sin citar a Levinas…

El enorme y contundente filósofo Emmanuel Levinas ya lo expresaba en forma magistral hace varios años, cuando hablaba de «la responsabilidad por el otro» como origen de la libertad.

Para Levinas, la responsabilidad no proviene de mi libre albedrío, sino que actúa como un límite a mi libertad egoísta, obligándome a salir de mí mismo. La responsabilidad por el otro es el fundamento ético primario, anterior a cualquier elección o libertad individual. Surge al encontrarse con el prójimo -con su vulnerabilidad y alteridad-, lo que impone un mandato ético incondicional de cuidado, entrega y respuesta, situando al otro antes que al yo. No es solo la cara física, sino la expresión de la fragilidad del otro que me llama y me desafía, prohibiéndome dejarlo solo.

Levinas entiende la condición humana como una «asimetria», concepto fundamental para entender la idea: no somos iguales, no hay paridad en nuestras capacidades, ni partimos de las mismas condiciones.

El paradigma Libertario frente al paradigma Liberador

Caridad vs.Tzedaká

El libertarismo salvaje delega la asistencia social exclusivamente a la filantropía voluntaria, rechazando cualquier obligación coercitiva de redistribución (Nozick, Anarquia, Estado y Utopia). Sin embargo, la libertad de Pesaj está intrínsecamente ligada a la Tzedaká (Justicia Social), que no es un acto de generosidad opcional, sino un deber legal y moral de todo ser humano.

Ya en el s. XII, Maimónides en su monumental obra Mishné Torá, establece que la obligación de alimentar al pobre no es un acto de «caridad» (voluntaria), sino de «Tzedaká», un derecho del receptor y una obligación del poseedor.

Propiedad vs. Justicia

Para Rothbard en La Ética de la Libertad, “Cada persona posee un derecho de propiedad sobre su propio cuerpo… y sobre aquellos recursos naturales que haya ocupado y transformado…” y cualquier interferencia externa (especialmente la del Estado) es vista como una violación de derechos humanos (sic).

Nozick agrega que no importa si la distribución de la riqueza es «desigual» siempre que el proceso para llegar a ella haya sido legítimo (sin robo ni fraude).

El libertarismo anarquista ignora que la libertad (capacidad la llaman) de un individuo para acumular puede convertirse en la «Egipto» (Mitzraim) -estrechez- del otro. Pesaj nos enseña que la libertad económica sin justicia social es solo una nueva definición para la esclavitud. Si el derecho a la propiedad no es ontológicamente absoluto, entonces la acumulación ilimitada no es un derecho, sino una distorsión.

El Principio de No Agresión (NAP) vs. La Responsabilidad por el Otro

El libertarismo de Rothbard se rige por el Principio de No Agresión: «soy libre de hacer lo que quiera mientras no te agreda físicamente». Es una ética de indiferencia establecida. Si mi vecino muere de hambre, mientras yo no lo haya robado o atacado, no tengo ninguna obligación moral «coercitiva» hacia él.

Pesaj anula esta indiferencia a través de la Memoria colectiva. La frase “Porque extranjeros fuisteis en Egipto” funciona como un imperativo categórico que transforma el trauma en empatía legal. Mientras el libertarismo busca un individuo «desvinculado» de su entorno, Pesaj construye un sujeto «vinculado» por la memoria de la opresión.

En este punto, el abismo moral es absoluto. Mientras que para el Libertarismo, la libertad es el derecho a decir «no es mi problema». Para la ética de Jerut de Pesaj, la libertad es la capacidad de decir «tu hambre, es también mi esclavitud».

Conclusión: el Seder como referente permanente de Libertad

Nuestro desafío para este Pesaj es rescatar el concepto de libertad de las garras del egoísmo cínico. Ser libres no es ser autárquicos. Ser libres es tener la capacidad de elegir el compromiso con el otro.

Frente al libertarismo banal que idolatra lo «mío», Pesaj nos propone lo «nuestro». Porque al final del día, la única libertad que vale la pena celebrar es la que no deja a nadie atrás, en el desierto…

Si el libertarismo salvaje es la apoteosis del Homo Economicus, Pesaj es la reivindicación del Homo Eticus. La libertad real no es la capacidad de ignorar el sufrimiento ajeno bajo la bandera de la «no interferencia», sino la fuerza moral para construir una sociedad donde nadie sea tan pobre como para ser esclavo, ni tan rico como para ser Faraón.

Como bien analiza la sociología de la religión, el Éxodo no termina cuando los Hijos de Israel cruzan el mar, sino cuando aceptan la Ley en el Sinaí, es decir, cuando pasan de la anomía (estadío sin ley) a la autonomía (la ley asumida).

Hoy, celebrar Pesaj es un acto de posicionamiento moral y concientización ética: es afirmar que la libertad no es el derecho del «hombre a ser el lobo para el hombre (homo homini lupus)», frase popularizada por el filósofo inglés Thomas Hobbes en su obra Leviatán, en donde señala que en un «estado de naturaleza», sin leyes ni autoridad, el ser humano es el peor enemigo de sí mismo: egoísta, violento y agresivo, sino asumir el ser «el guardián de tu hermano» (Génesis 4:9) que implica responsabilidad moral, compromiso y cuidado hacia el prójimo, oponiéndose a la actitud indiferente e individualista que caracteriza a la sociedad contemporánea.

Fuentes:

Nozick, R. (1988). Anarquía, Estado y Utopía. Fondo de Cultura Económica

Walzer, M. (1986). Exodo y Revolución. Per Abbat.

Rothbard, M. (2013). La ética de la Libertad. Unión Editorial

Levinas, E. (2012). Totalidad e Infinito. Ediciones Sígueme S.A. 

* Doctor en Educación, sociólogo, docente y rabino laico-humanista