Grupo Planeta publica un libro de referencia que descubre tesis históricas poco conocidas

La Biblia revisitada: nuevas claves sobre el judaísmo originario y el cristianismo primitivo

La aparición en abril de"Biblia, la historia escondida", primer libro de nuestro colaborador Daniel Kriner -cuyas páginas preliminares anticipó Nueva Sion- reabre el debate sobre el revisionismo histórico, la arqueología y la divulgación. Una invitación a repensar el origen de las ideologías y los nuevos liderazgos a partir de su matriz ancestral. El libro describe cómo las verdades de una pequeña secta judía llegaron a convertirse en la esencia de la religión oficial de Occidente. En este marco, presentamos una entrevista al autor de esta obra que se presentará el 8 de mayo en la 50° Feria Internacional del Libro.
Por Alejandro Margulis*

La aparición de Biblia, la Historia escondida, propone leer o releer la Torá y el Nuevo Testamento como un gran documento donde lo histórico permaneció soslayado, desde hace cientos de años, por las interpretaciones canónicas. Lejos del enfoque religioso, la obra se dirige a lectores interesados tanto en las civilizaciones antiguas como en la divulgación científica. La propuesta es clara: comprender la historia bíblica como una de las narrativas políticas y culturales más influyentes de la humanidad.

¿Por qué este tema vuelve a generar interés hoy? ¿Cuáles son las claves para aproximarse a su lectura o relectura? Así como fuimos publicando anticipos parciales de la obra durante su elaboración, ahora conversamos con su autor en exclusiva antes del lanzamiento que tendrá lugar en la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires: el viernes 8 de mayo, a las 16 horas, en la icónica Sala Rodolfo Walsh.

NS: Daniel, ¿qué te llevo a escribir este libro?

DK: Desde chico me gustaba mucho leer y en la biblioteca de mi casa había bastante material. Tengo el recuerdo de haber hojeado alguna de las obras de Flavio Josefo y preguntarle a mi papá quien era, y me respondió: “un historiador judío de la época del imperio Romano”. Eso me sorprendió. También recuerdo de haber leído un libro que intentaba explicar científicamente algunos de los hechos que cuenta la Torá, como el milagro de la apertura de las aguas del Mar Rojo -que ahora se sabe no fue el mismo que atravesó Moisés- y las diez plagas de Egipto. O sea que la inquietud de intentar entender qué había de autenticidad histórica y de veracidad en los libros sagrados estuvo presente desde mi infancia. Bueno, en estos últimos años cuando me puse a investigar al respecto, terminé encontrándome con informaciones muy atrayentes, un universo poco conocido y con historias nada ingenuas que me pareció que valía la pena compartir.

NS: ¿Por qué decís que las historias de la Biblia no son ingenuas?

DK: Porque no lo son. Nunca lo fueron. Fueron redactadas, en su gran mayoría, durante el traumático período del exilio babilónico. En ese contexto de exilio, tuvieron la misión de transmitir una visión específica del mundo y del pasado para mantener viva la religión y la identidad judía frente a la asimilación. Por eso, cada relato está cargado de un profundo simbolismo, prescripciones legales y, evidentemente, un propósito ideológico y político: unir a un pueblo disperso bajo una narrativa común que justificara su existencia y su destino.

NS: e habla mucho del Autor único. De la voz de Dios. ¿Quién o quiénes la escribieron?

DK: El consenso de los estudios históricos y arqueológicos actuales rompe con la idea de un autor único. El Antiguo Testamento es el resultado de un complejo proceso de edición de varias fuentes y autores, redactado principalmente entre los siglos X y V a.C. Fue la labor de cronistas, sacerdotes y escribas que se encargaron de recoger y amalgamar mitos ancestrales, tradiciones orales sobre las doce tribus, la epopeya de la salida de Egipto, los relatos de la conquista de Canaán y las crónicas de los jueces y reyes de Judea e Israel, dándoles una estructura coherente.

NS: ¿Qué cosas quedaron afuera?

DK: Lo que quedó fuera de la Biblia es casi tan fascinante como lo que entró. Hoy conocemos esos «vacíos» gracias a registros arqueológicos y estudios históricos que ofrecen una visión más fidedigna y menos tamizada por la religión. En Biblia, la Historia Escondida, mi intención fue traer al frente la trama y las tesis históricas que contextualizan los relatos, revelando lo que los sacerdotes y la élite religiosa decidieron omitir porque no servía a sus propósitos de control o unidad doctrinal. Lo que quedó adentro es, en última instancia, una selección editorial hecha por el poder sacerdotal.

NS: ¿Por qué elegiste nada menos que a Abraham, Jacob, Moisés y David?

DK: Elegí a Abraham y Jacob por ser los patriarcas fundamentales: el primero como fundador de la nación y el segundo como padre de las doce tribus. Es fascinante cómo a través de José, hijo de Jacob, se inicia la migración a Egipto, donde los hebreos comienzan a forjar una identidad cultural y lingüística propia, sin asimilarse a la cultura egipcia dominante. Moisés es la figura cumbre de la Torá; investigar quién pudo ser el Moisés histórico para mí fue un viaje sorprendente y creo que también romperá los esquemas del lector. Finalmente, David nos ofrece una base histórica más comprobable, con un legado político y militar que aún hoy -y justamente hoy, a la luz de la guerra en Medio Oriente- sigue resonando con fuerza en la cultura judía actual.

Daniel Kriner. Foto: Pablo Garber

NS: ¿Por qué?

DK: Porque algunos sectores religiosos radicales de la población israelí reivindican la expansión geográfica sobre Cisjordania basándose en lo que fueron los reinos de David y Salomón.

NS: ¿Quién fue Jesús?

DK: Jesús fue un predicador profundamente arraigado en las corrientes de su tiempo, específicamente en las enseñanzas de las escuelas esenia y farisea. Los esenios eran una secta cerrada, humilde y mística; es muy probable que Jesús, influenciado por Juan el Bautista, adoptara algunas de sus ideas y las difundiera. Por otro lado, su prédica sobre la llegada del Reino de Dios era una creencia central de la escuela farisea en la época del Segundo Templo. Ante el deseo ferviente de sus seguidores y su propia búsqueda espiritual, terminó encarnando el lugar del Mesías, pero desde una dimensión religiosa y pacífica, muy distinta al líder guerrero que muchos esperaban.

NS: Incluís también una figura canónica posterior, que fue la de Pablo…

DK: Si. Pablo o Paulo de Tarso fue el gran artífice de la expansión. Él fue quien impuso gradualmente en el mundo grecorromano la idea de que el Mesías ya había llegado. Su gran jugada política y teológica fue convencer por un tiempo a los apóstoles de no imponer las estrictas reglas de conversión del judaísmo tradicional, como la circuncisión y el kashrut (leyes dietéticas), a los nuevos seguidores. Al eliminar estas barreras de entrada, permitió que personas de diferentes culturas se sumaran a esta nueva doctrina, transformando una creencia local en un movimiento de alcance global.

NS: ¿Por qué triunfa una versión y no otra?

DK: El cristianismo no se impuso de la noche a la mañana; le tomó más de tres siglos de lucha y adaptación. Su pensamiento universalista y la caída del Templo de Jerusalén fueron factores decisivos para su crecimiento exponencial. En el libro cito diversas razones, pero la realidad es que no existe una sola explicación precisa. Es fácil analizar el éxito a posteriori. Pero si nos situamos en el inicio, podemos detectar cómo una pequeña secta judía llegó a ser la base de la religión oficial del Imperio Romano y por extensión, de Occidente. De no haber ocurrido efectivamente así, este planteo habría parecido un absoluto absurdo histórico.

NS: ¿Y por qué es que esto importa tanto, nuevamente ahora?

DK: Porque la historia es el puente que transforma la memoria en conocimiento. A veces olvidamos que nuestra sociedad actual se cimentó sobre logros científicos y sociales que fueron extremadamente costosos. Hasta hace solo un siglo, la vida era infinitamente más dura para el 95 por ciento de la población. Tanto el judaísmo, con sus valores de libertad y ética, como el cristianismo, con su amor al prójimo, son los pilares de nuestra civilización contemporánea. Sin conocer este proceso, perdemos nuestra identidad y la capacidad de aprender de los errores del pasado.

NS: ¿Siguen operando estas ideas? Es decir, ¿dirías que nos moldearon?

DK: Estas ideas siguen vigentes porque sintetizan valores éticos que son el motor de nuestra convivencia. Conceptos como la libertad, la justicia, el heroísmo, la autonomía y la fe en la continuidad cultural no se extinguen. Son relatos legendarios que tienen raíces tan profundas que operan de forma casi inconsciente en todos nosotros. La familia, el amor al prójimo y la historia compartida son los hilos invisibles que sostienen el tejido de la sociedad moderna, independientemente de si uno es creyente o no.

NS: El libro cierra con Flavio Josefo, un historiador judío. ¿Por qué lo elegiste?

DK: Flavio Josefo es una figura imprescindible y casi cinematográfica: sacerdote, militar e historiador. Fue un protagonista central de la historia judía del siglo I y, al escribir sobre el pueblo hebreo y el cristianismo primitivo para una audiencia romana, se convirtió en el puente definitivo entre ambos mundos. Su obra legitimó los orígenes del cristianismo y nos dio una ventana única a una época legendaria. Su historia personal de supervivencia es tan improbable como apasionante e imperdible.

* Escritor, periodista, editor y agente literario. Autor de «Padre ausente», «Santa Gilda», «Junior», «Los libros de los argentinos» y «Papeles de la mudanza», entre otros.

Daniel Kriner es contador (UBA) y consultor profesional dedicado a las áreas financiera y administrativa.  Reside en Brasil. Contacto:  Agencia Ayesha de Servicios Culturales Mail: ayesha@ayesha.com.ar).