Las tensiones sociales estaban altas en Chile, en noviembre del 1947, cuando dirigentes judíos se reunieron con el presidente Gabriel González Videla para solicitar la aprobación al Plan de Partición, por votarse en la Asamblea General de las Naciones Unidas. El presidente los escuchó cordialmente y les aseguró que entendía su anhelo por una patria judía. En aquellos momentos el presidente González Videla estaba conjurando para dar la espalda a la alianza de izquierda que lo había elegido[i]. Cuando llegó la hora de votación sobre la Resolución 181, también dio la espalda a su promesa a los judíos: Chile se abstuvo.
Para la comunidad judía chilena fue un desaire que no esperaba.
Este episodio ilustra los vaivenes que caracterizarían las relaciones políticas entre Israel y Chile a lo largo de siete décadas.
Chile se sumó tardíamente -en febrero de 1949- al reconocimiento del Estado de Israel, tras su declaración de independencia en mayo de 1948. La creación de ese Estado abrió nuevos cauces migratorios palestinos -el éxodo conocido como Nakba- hacia Chile, donde se integraron a una comunidad ya consolidada desde la caída del Imperio Otomano. En la actualidad, viven en Chile aproximadamente 500.000 descendientes de palestinos, frente a unos 20.000 judíos que se autoidentifican como tales. Desde entonces, la comunidad palestina ha constituido un actor relevante y una contraparte del lobby judío en relación con el Medio Oriente.
No obstante, Chile nunca ha sido un país hostil hacia Israel. Un antiguo jarro de vidrio verde, proveniente del Mar Muerto y obsequiado en 1964 por Golda Meir a su amigo personal, el presidente Eduardo Frei Montalva, hoy exhibido en su Casa Museo, testimonia los vínculos duraderos entre ambas naciones.
La campaña y elección de Salvador Allende en 1970 polarizaron a la sociedad chilena, y la comunidad judía no fue la excepción. Los jóvenes de Hashomer Hatzair fueron duramente criticados por la dirigencia comunitaria por sumarse a la campaña electoral de Allende. Tras su triunfo, se estima que cerca de un tercio de la población judía de Chile abandonó el país, impulsada por un temor visceral que, de manera equivocada, equiparaba el socialismo reformista de Allende con el nazismo e incluso con el comunismo estalinista.
Esto ocurría al mismo tiempo que dirigentes de la colectividad judía se reunían con Allende para felicitarlo y agradecerle su mensaje de Rosh Hashaná. Mientras muchos judíos abandonaban el país, nunca antes había existido una participación tan numerosa -aproximadamente 30 personas- de individuos de origen judío en un gobierno chileno.
Las relaciones bilaterales entre el Chile de la Unidad Popular y el Estado de Israel se mantuvieron fluidas. Durante los mil días en que Allende gobernó, hasta su muerte entre las llamas de La Moneda, asesores israelíes colaboraron en áreas como la agricultura, la cultura y la educación, entre otras.
Después del golpe cívico-militar del 11 de septiembre de 1973, tampoco se cortaron relaciones entre Chile e Israel. Todo lo contrario: se fortalecieron.
En las primeras semanas posteriores al golpe de Estado, el embajador Moshe Tov se sumó a otras misiones diplomáticas al brindar refugio a los perseguidos. En un momento, una patrulla militar llegó a la embajada exigiendo inspeccionar el recinto. Por suerte, no descubrieron la escalera trasera que conducía a la sala que albergaba a una docena de refugiados. Tampoco detectaron al sheliaj Hayim Hayet, nacido en Cuba, cuando el diplomático lo trasladaba al aeropuerto para salvarle la vida.
Refugio y sombras de una misma relación
Tales gestos humanitarios fueron llevados a cabo por el embajador Tov, haciendo oídos sordos a los férreos cuestionamientos de altos dirigentes de la comunidad judía. No obstante, el 6 de noviembre de 1974, cuando 83 miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobaron la primera resolución que instaba a Chile a respetar la vida y los derechos humanos, Israel se abstuvo. En los quince años siguientes de dictadura, Israel mantuvo esa posición, absteniéndose o votando en contra de 14 de las 16 resoluciones críticas hacia Chile.
El aislamiento de Chile se exacerbó cuando el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Enmienda Kennedy, que prohibía la venta de armas y el apoyo militar al país. En ese contexto, Israel se consolidó como el principal aliado de Chile. En esa alianza, un negociador central fue Moshe Tov, el mismo exembajador que había protegido vidas en las primeras semanas posteriores al golpe.
Debido al papel de Israel como proveedor de armamento, muchos años más tarde Daniel Silberman y Lily Traubmann exigieron al Estado israelí la desclasificación de documentos. Ambos, residentes en Israel desde la década de 1970, sostienen que aún podrían salir a la luz pruebas sobre una eventual complicidad israelí en las violaciones sistemáticas de los derechos humanos cometidas en Chile, incluidas las desapariciones forzadas de sus respectivos padres, David Silberman y Ernesto Traubmann.

En aquellos años, al interior de Israel -que había acogido a numerosos refugiados chilenos, quienes se encontraron con compatriotas de derecha que habían huido por temor al gobierno de Allende-, existió siempre una oposición activa a las políticas represivas del régimen chileno. En 1978, el buque escuela Esmeralda, utilizado como centro de detención clandestino y de tortura flotante en la bahía de Valparaíso, llegó de visita a Israel. Estudiantes de la Universidad de Haifa y de la Universidad Hebrea se movilizaron masivamente en señal de protesta. También por entonces, no era extraño oír la música de Víctor Jara en algunos buses colectivos de Jerusalén, reproducida por sus conductores.
En 1990, tras años de movilizaciones y una salida pactada del régimen encabezado por el dictador chileno, se inició la denominada transición a la democracia. Con el retorno democrático, los distintos gobiernos chilenos profundizaron las relaciones con Israel en ámbitos de cooperación cultural y económica, así como en áreas estratégicas como la defensa y la tecnología. Tras el devastador terremoto y tsunami de febrero de 2010, equipos de rescate israelíes brindaron un apoyo importante. Esto, a pesar de crecientes diferencias ideológicas respecto al conflicto palestino israelí.
Isaac Caro, académico de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago y experto en asuntos de Medio Oriente, señala: “Desde el 2000 en adelante, hay una política exterior de Chile muy clara en favor de una fórmula de dos Estados, con fronteras seguras y reconocidas internacionalmente sobre la base de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Esto marca un punto de inflexión”.[ii]
Sally Bendersky, embajadora de Chile en Israel entre 2000 y 2006, recuerda que incluso en momentos de mayor complejidad el país mantuvo la templanza: “La segunda intifada, muy violenta en sus inicios, duró prácticamente hasta el término de mi misión. Chile sostuvo una posición de neutralidad frente al conflicto, cuestionando la violencia excesiva tanto de palestinos como de israelíes”. Bendersky agrega: “La guerra de Irak fue la única instancia en que percibimos algún grado de hostilidad hacia Chile, debido a que su postura era la de postergar una decisión bélica hasta no haber comprobado la existencia de armas de destrucción masiva, tal como lo planteaba el gobierno de Estados Unidos. Esto generó desconfianza hacia Chile, ya que Israel esperaba un apoyo irrestricto a la guerra”.[iii]
En 2010, la centroderecha llegó al poder en Chile con Sebastián Piñera como presidente. En 2011, se convirtió en el primer mandatario chileno en realizar una visita oficial a Israel. Durante su primer gobierno, reconoció formalmente a Palestina como un Estado libre, independiente y soberano, lo que generó malestar en Israel. Por otro lado, en 2019, durante una nueva visita a ese país, Piñera ascendió al Monte del Templo acompañado por funcionarios palestinos, lo que provocó tensiones diplomáticas entre ambas naciones.
Ya como diputado, Gabriel Boric había generado controversia en la comunidad judía organizada de Chile (CJCH) por su férreo apoyo a la causa palestina, que en ocasiones llegaba a cuestionar la legitimidad del Estado de Israel. Hubo un episodio en el que la CJCH obsequió a los diputados un frasco de miel con motivo de Rosh Hashaná; Boric agradeció el gesto, pero aprovechó la ocasión para señalar que “podrían partir por pedirle a Israel que devuelva el territorio palestino ilegalmente ocupado”.
A nivel comunitario interno, surgieron llamados a denunciar a Boric por antisemitismo y a respaldar la candidatura del ultraconservador José Antonio Kast en las elecciones presidenciales de 2021, en las que ambos pasaron a segunda vuelta.
De la tensión latente a la crisis diplomática
La relación entre Boric y la comunidad judía durante su mandato fue muy tensa, y no sólo por sus declaraciones en aquella ocasión. En un comienzo, por ejemplo, se negó a aceptar las cartas credenciales de un nuevo embajador israelí en Chile. Luego del 7 de octubre de 2023, fue muy claro en condenar la masacre de Hamas, pero cuando la defensa inicial israelí se convirtió en la interminable guerra contra Gaza, con 70.000 muertos y un territorio devastado, Boric calificó la situación como una masacre y denunció violaciones a los derechos humanos del pueblo palestino.
Con ello, lo poco que quedaba de las relaciones bilaterales se fue deteriorando progresivamente, sin llegar, en todo caso, a una ruptura.
Si bien en 2024 Chile excluyó a Israel de la FIDAE (Feria Internacional del Aire y del Espacio) -una vitrina clave para la industria armamentística israelí en Chile y Sudamérica- e, incluso, Boric llegó a retirar a los agregados militares, ambas embajadas continuaron funcionando.
A pesar de la presión de parte de su electorado, Boric no rompió completamente los lazos ni los compromisos bilaterales, incluida la cooperación a nivel militar.
En las ultimas elecciones presidenciales de hace algunos meses, se repitió el escenario anterior: esta vez, Kast se enfrentaba a Jeannette Jara, del Partido Comunista, quien ganó las primarias del sector de centro-izquierda. Desde la comunidad judía -oficial y no oficial- circulaban mensajes de que Jara era antisemita, y que supuestamente apoyaba la idea de «Un Estado palestino con una minoría judía» como solución al conflicto palestino-israelí.
No es la primera vez que un candidato de izquierda es denostado de esa forma en Chile, ni tampoco en otros países. Pero en esta ocasión, el resultado fue distinto al anterior -y no por razones vinculadas al Medio Oriente-: el electorado chileno eligió a Kast como su nuevo presidente. En lo que respecta a la relación con Israel, la situación se distendió, o “volvió a la normalidad”, incluso antes del inicio de su mandato en marzo pasado.
Kast, de perfil ultraconservador, sostiene una visión sobre el Estado de Israel muy cercana a la de Trump y Milei. Para él, Israel es un aliado natural en múltiples planos. Las expectativas respecto de las relaciones bilaterales bajo su gobierno son elevadas en ambos países, sin que se advierta la dualidad que caracterizó, por ejemplo, el mandato de Piñera.
Quizás como un gesto hacia la colectividad judía, o como un mensaje de cercanía, Kast nombró como asesor de asuntos internacionales al joven abogado Eitan Bloch, nacido en Mendoza e hijo del rabino argentino Alejandro Bloch (comunidad Nuevo Bnai Israel de Santiago), y como nuevo Embajador chileno en Israel al abogado Gabriel Zaliasnik (quien ha defendido, entre otros, a Alberto Fujimori).
Desde un prisma sociológico-político, es interesante una situación en la cual miembros de la comunidad judía, quienes identifican la critica dura hacia las políticas israelíes para con el pueblo palestino como una forma de antisemitismo, llamen a votar por un candidato que proviene de una familia involucrada en el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y en violaciones a los derechos humanos durante el Chile dictatorial.
Como vemos, no existe una relación lineal ideológica clara entre los mandatarios y la relación que tendrá diplomáticamente con Israel. Sin duda, tanto las comunidades judía y palestina, como el propio conflicto palestino-israelí, han ido moldeando una relación compleja, pero significativa para ambas naciones desde sus inicios.
Foto de portada: La comunidad judía celebra Jánuca en el Palacio de la Moneda, con la Presidenta Michelle Bachelet
[i] Elegido presidente con apoyo de la izquierda, Gabriel González Videla impulsó la “Ley Maldita”, que en septiembre 1948 declaró ilegal al Partido Comunista e inició una persecución violenta hacia quienes habían sido sus aliados.
[ii] Entrevista con Isaac Caro, por Maxine Lowy, 25-03-2026.
[iii] Entrevista con Sally Bendersky por Claudio Mandler, 26-03-2026.