NS: ¿Qué reflexión hacés en este nuevo aniversario del golpe?
Nora: Este 50º aniversario resulta clave, porque pocas veces como hoy resuenan con tanta fuerza los ecos de la dictadura en el presente. No vivimos en dictadura, pero la exclusión se manifiesta con tal nivel de violencia que remite, inquietantemente, a aquel período. Alejandro Kaufman dijo algo que me parece clarísimo: tenemos hoy la democracia que Videla quería. Yo coincido con eso, porque la dictadura siempre anunciaba que quería dejarle lugar a una democracia. Este es el tipo de democracia que querían: con un sector de la población que esté totalmente excluido, con un modelo neoliberal totalmente impuesto y una idea de “motosierra”, con ecos de las metáforas quirúrgicas que hacía la dictadura. También en esa época se hablaba de la necesidad de remover el cáncer del cuerpo social para curar a la sociedad.
Esto se suma a la intención de instaurar la “memoria completa”, es decir, cuestionar las políticas de Memoria, Verdad y Justicia de los últimos años y poner en duda la cantidad de desaparecidos. Antes llamábamos a este tipo de discursos negacionismo, pero la realidad es que hoy va mucho más allá del negar: se trata de apoyar lo que hizo la dictadura militar. Tal vez por mi experiencia de haber sido secuestrada tengo una sensibilidad mayor a estos temas, pero esto quedó claro desde el principio, con el apoyo simbólico de Milei a los militares, como cuando se subió a un tanque en el desfile militar del 9 de julio de 2024.
NS: Y saliendo del gobierno, hay una sociedad que al menos parcialmente parece apoyar este discurso, o que por lo menos ya no se moviliza en respuesta. ¿Perdimos ciertos consensos sociales en relación a la última dictadura y la importancia de la memoria y los derechos humanos?
Nora: El país está profundamente dividido. Yo habito el país de la lucha por los derechos humanos, donde hay una movilización amplia y creativa, como la que seguramente se verá en la Plaza el 24 de marzo. A partir de eso, podría pensarse que ese consenso se ha fortalecido. Sin embargo, lo que se vive por estos días muestra la existencia de un sector importante de la sociedad -incluidos muchos jóvenes- que, como mínimo, se mantiene indiferente frente a estos temas. Yo no creo que este tema los haya llevado al poder, sino que hubo muchas personas que opinaron que, estando en el gobierno, el discurso más radicalizado de Milei sobre este y otros temas iba a moderarse en la práctica. Creo que existe una base consolidada que expresa que la sociedad no quiere nunca más una dictadura ni permanecer ajena al reclamo de Memoria, Verdad y Justicia. Sin embargo, esa base hoy ha perdido fuerza. Pareciera no comprenderse del todo que estos no son reclamos del pasado, sino demandas plenamente vigentes en el presente.
NS: En ese contexto, ¿cuál es la importancia de testimonios como el tuyo?
Nora: Vivimos en una época donde lo ficticio es lo que rige. Se inventan hechos históricos, datos y estadísticas, justificaciones para la guerra. Creo que, en este contexto, el testimonio es más importante que nunca. La palabra de quien comparte su experiencia, quien nos toca emocionalmente con la palabra -sea oral o escrita-, creo que es fundamental a nivel educativo, de la transmisión. Si un sobreviviente o testigo va a una escuela, o lee un libro como el mío, Una sola muerte numerosa – que integra testimonios con arte- la memoria entra por diferentes perspectivas. Y creo que esto refuerza el valor del testimonio. Cuando salíamos de los centros clandestinos, la gente sospechaba de nosotros. Especulaban sobre lo que habíamos hecho para poder salir. El reconocimiento del lugar de los testigos y sobrevivientes -junto con el avance de los juicios- contribuyó a que nuestras voces dejaran de ser tan fácilmente desacreditadas. Sin embargo, ese proceso no alcanza a toda la sociedad, y podría retraerse aún más si el gobierno avanza en su agenda en materia de memoria histórica. Nos queda a nosotros entonces la responsabilidad de difundir lo que pasó para llevar a un despertar social.
En los años de la dictadura, los centros eran clandestinos y el lenguaje buscaba ocultar y decir a la vez: hoy está todo a la vista. Lo que vemos ahora es cierto regocijo por la crueldad de estos crímenes.

NS: Viviste de forma personal el carácter antisemita de la represión, cuando te secuestraron diciéndote “judía de mierda, vamos a hacer jabón con vos” y luego fuiste interrogada bajo tortura sobre tu conexión con Israel. ¿Crees que el tema de la dictadura desapareció del discurso comunitario, que la comunidad borró este tema de la historia que se cuenta a sí misma?
Nora: No desapareció porque nunca existió como tema dentro de esa memoria. Mi testimonio aparece en el Nunca más, en la sección donde se aborda el antisemitismo que se vivía en los centros clandestinos de detención. Ya en un artículo publicado en 2008, que partía de una investigación previa, planteamos en un artículo coescrito con Kaufman que la comunidad organizada siempre ignoró esta parte de la historia. Las instituciones no movieron un dedo y no reconocieron nuestra situación como un problema comunitario, porque no seguíamos la pauta comunitaria de cómo se debía actuar. Por eso no me sorprende el apoyo al gobierno actual, a pesar de lo que el gobierno está haciendo con la memoria de la dictadura. Los dirigentes comunitarios nunca lo registraron como un problema propio, salvo alguno que quizás cambió de opinión por tener desaparecidos en su propia familia. Incluso cuando desde otros países intentaban hacer un salvataje a los judíos, la comunidad organizada no colaboró. La tragedia es que esta sordera y ceguera continuó en el tiempo. Tengo que sospechar entonces que lo que prima es su posición política, y que por el mero hecho de ser judíos no pertenecemos a un mismo bloque en este tema. Por supuesto, no todas las instituciones estaban en situación de poder hacer algo al respecto ni están hoy en la misma condición: incluso la AMIA, que es una mutual y que no sé qué podrían haber hecho, hoy rinde homenaje a los desaparecidos judíos. Así que hay grises en los que se puede discutir, pero no puedo discutir con quienes se sitúan con los que apoyan a mis secuestradores. Por más que nos duela, debemos aceptar que hoy y siempre hubo judíos que apoyaron los objetivos de la dictadura.
NS: Y con respecto a la izquierda y el campo popular no judío, ¿ves cierta transformación en el lugar de los judíos? Pienso por ejemplo en la incorporación entre algunos sectores de teorías conspirativas como el Plan Andinia, que viene de la derecha…
Nora: Noto un preocupante crecimiento del antisemitismo. En la Patagonia, circula muchísimo el tema del Plan Andinia. No saben qué es judío, israelí o sionista, pero independientemente de esto, creen que hay un proyecto de apropiarse del territorio. Yo viví en Israel, pero nunca me consideré sionista. Creo que nuestra historia reciente -en Argentina, el atentado a la AMIA, por ejemplo- muestra que Israel fracasó como proyecto de protección a los judíos. Digo esto, aunque Israel me protegió, porque me permitió salir del país tras mi secuestro. No siempre queda claro cuánto de esto era un plan institucional y cuánto el resultado del compromiso de personas que trabajaban, por ejemplo, en la Agencia Judía. Pero, aunque no me considere sionista, claramente no soy antisionista. Yo creo que tiene que existir un movimiento propalestino, pero hoy hay una confusión semántica importante que engloba a todo el sionismo bajo una misma categoría, adjudicándole una totalidad a una idea que es diversa en su interior. Podrían hablar de Israel como un país constituido y criticar políticas específicas de los gobiernos, pero deciden no hacerlo. La palabra “sionismo” aparece como un comodín para ocultar toda esta confusión de términos.
Al mismo tiempo, la tendencia a considerar cualquier crítica a Israel como antisemitismo genera una combinación espantosa, de la cual no sé cómo podremos salir. En la Argentina, hay un antisemitismo que no se asume como tal, pero circula. Y en este contexto, las viejas teorías conspirativas vuelven con todo su esplendor. Los Protocolos de los Sabios de Sion y sus variantes locales están a la orden del día, como reflejo de nuestra época.
NS: ¿En qué actividades vas a participar en el marco de este aniversario?
Nora: Voy a estar presentando tres libros míos: El lugar del testigo, Una sola muerte numerosa y Un día, allá por el fin del mundo. En todos, menciono de alguna forma nuestro secuestro -el de mis familiares y el mío- y cómo se vincula con lo judío, por las expresiones antisemitas. Voy a estar marchando el 24/3 con mujeres que bordamos los nombres de los desaparecidos en una bandera gigante, como parte de un proyecto que se extendió por todo el país. Alguien ya había bordado el nombre de mis familiares, así que yo bordé “Nunca más”. Estuve en el cumpleaños de Norita Cortiñas en su casa, que ya se declaró que en el futuro se convertirá en un lugar de memoria. Soy parte del PEN, la organización de escritores por los derechos humanos, que también va a marchar. Podría también marchar con la bandera tradicional que tiene las fotos de los desaparecidos. Hay muchas actividades en las que pienso seguir participando hasta que me vaya del país, en abril.