«Se despiertan por la mañana y ven la noticia de que la guerra está a punto de terminar, y rompen a llorar amargamente. Al día siguiente: nubes de guerra se ciernen sobre la región, el presidente Donald Trump amenaza a Irán con borrar una civilización milenaria, e inmediatamente la sonrisa regresa a los rostros. Israelíes… Gritos y quejas sobre la guerra, pero si alguien actúa para detenerla, inmediatamente se convierte en enemigo del pueblo», escribe Odeh Bisharat en una nota publicada estos días en Ha’aretz, que alude a que Israel está atada a un «columpio que se balancea entre la guerra y la paz».
La irónica descripción de este escritor árabe israelí grafica el talante colectivo de la gente que bascula entre la guerra y las treguas impuestas por Trump. Indeciso, el ánimo emocional de la sociedad civil desde hace tres años se columpia entre la doctrina de seguridad nacional y la exigencia del fin de la guerra permanente. Como veremos en una reciente encuesta de opinión pública, la mayoría obedece al mandato de hacer frente a un peligro denunciado por el gobierno como existencial.
El desastre del 7/10 convenció a Tzahal de que su doctrina de seguridad nacional exige implantar la estrategia de guerra permanente para afrontar los desafíos beligerantes, que son transformados en peligros existenciales, ante los cuales Thahal no admite postergar sine die su respuesta armada.
Desde su nacimiento, la doctrina de seguridad nacional se fundamentó en la premisa de que Israel enfrenta un peligro existencial continuo, lo que exige el estado de guerra permanente de baja intensidad, interrumpido por frecuentes conflictos agudos.
Formulada originalmente en la década de 1950 bajo el mandato de David Ben-Gurión, la doctrina clásica partía de la asimetría demográfica y geográfica de Israel frente a enemigos vecinos árabes. Se sostenía sobre un «triángulo estratégico» fundamental: a) Disuasión (Harta’a),potencia militar tan devastadora que disuada a los enemigos de atacar; b) Alerta Temprana (Hartra’a): Servicios de Inteligencia infalibles para detectar intenciones enemigas de manera anticipada; c) Decisión Operacional (Hajra’a):la guerra rápidamente debe ser librada en territorio enemigo debido a la falta de profundidad geográfica de Israel.
En años recientes se ha añadido formalmente un cuarto pilar: Defensa Activa y Resiliencia, ejemplificada en sistemas de intercepción, como la Cúpula de Hierro, la Honda de David y el sistema Arrow para proteger el espacio aéreo frente a cohetes y misiles.
Pero para Israel, la noción de peligro trasciende el ámbito estrictamente militar y abarca cualquier amenaza capaz de provocar el colapso del Estado, la pérdida de su carácter judío o la destrucción de su sociedad. No sorprende, pues, que haya llegado a la exasperación la reacción ante el programa de proliferación nuclear de Irán y las capacidades balísticas coordinadas con su red de milicias regionales (Hezbolá, Hamás, los hutíes), las cuales fueron trasformadas de amenaza militar externa en peligro existencial para Israel.
Tal transformación es de larga data, y justificó ataquespreventivos de Tzahal bajo la premisa de la seguridad nacional de que Israel no puede permitirse soportar un primer golpe masivo en su pequeño territorio. Históricamente, justificó operaciones preventivas tales como el bombardeo del reactor nuclear de Osirak en Irak (1981) y el de Siria (2007).
Pero otrospeligros tambiénson caracterizados comoamenazas existenciales.Analistas del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS)catalogan como «amenazas existenciales» el aislamiento internacional, los boicots globales y la polarización social interna, tal como señalan Ofir Winter, Kobi Michael y Assaf Shiloah en el Memorandum N° 203 del Institute for National Security Studies (INSS).
El entorno estratégico de Israel percibe las amenazas no como disputas geopolíticas comunes en otras áreas de conflicto, sino como desafíos a su propio derecho a existir. Tal percepción de vulnerabilidad justifica la estrategia de guerra permanente, ejecutada formalmente mediante operaciones conocidas como: Campaña entre guerras (MABAM) -acciones encubiertas, ataques quirúrgicos y ciberataques continuos para frenar el avance de las capacidades de sus rivales (especialmente el de Irán en Siria y su programa nuclear) sin llegar a provocar una guerra abierta a gran escala-.
Todo cambió tras el colapso de las vallas de seguridad en el Neguev noroccidental con la masacre de Hamás el 7 de octubre de 2023, la posterior guerra en Gaza y la escalada regional directa con Irán; desde entonces, la estrategia política y militar de la doctrina de seguridad israelí ha cambiado drásticamente. El concepto tradicional de «gestión del conflicto» fue abandonado para adoptar una postura de seguridad total y, básicamente, de guerra permanente.
El colapso de la disuasión convencional llevó a Israel a adoptar estrategias ofensivas mucho más severas y prolongadas, priorizando la destrucción total de las capacidades operativas del enemigo por encima del retorno al statu quo.
La nueva doctrina de seguridad se focaliza firmemente en combatir la estrategia iraní de rodear a Israel con «el anillo de fuego», apoyando a milicias aliadas (Gaza, Líbano, Siria, Irak y Yemen); el núcleo de esta percepción logística es que Israel afronta un conflicto perpetuo y una guerra de múltiples frentes en la región.
La doctrina de guerra permanente, pues, responde a la amenaza de hostilidad regional constante y a la convicción de Israel de que su supervivencia depende de su capacidad de mantener activos múltiples frentes militares de manera simultánea para degradar continuamente las capacidades ofensivas de sus enemigos. A tal fin, la adopción de esa doctrina procura la inmunidad total de Israel frente a amenazas presentes y futuras mediante el uso de la fuerza masiva y el establecimiento de zonas de exclusión o amortiguamiento (buffer zones) en sus fronteras.
Pero la guerra permanente genera un fuerte debate crítico dentro del propio aparato de seguridad israelí: la caracterización escuestionada por expertos de laOrganización de exmandatarios de seguridad Commanders for Israel’s Security (CIS). Algunos de sus analistas advierten que la idea de una «guerra sin fin» debilita los recursos económicos del país, deteriora su legitimidad internacional y erosiona el tejido democrático interno a través de medidas excepcionales como la censura militar extendida. Básicamente, sostienen que la fuerza militar debe ser un puente para lograr acuerdos diplomáticos regionales y no un fin en sí mismo.
Por el contrario, los sectores militares alineados con el gobierno de ultraderecha argumentan que los compromisos de los acuerdos políticos o la exigencia de Trump de alto el fuego solo permiten que los enemigos se rearmen para un ataque peor contra Israel.
Encuesta de opinión pública del Instituto para la Democracia de Israel
¿Qué opinan los diferentes sectores de la sociedad civil sobre la guerra y sus frágiles treguas? ¿Por qué dudan de los acuerdos de alto el fuego? ¿Y por qué confían sin dudar en la doctrina de la seguridad nacional?
Algunas respuestas a la encuesta de opinión invitan a ser leídas como un registro mucho menos ideológico sobre expectativas y temores reales de la sociedad civil acerca de la guerra y la paz inalcanzable que las opiniones de periodistas, intelectuales o políticos

La encuesta fue realizada por el Centro de Investigación de Opinión Pública y Políticas del Instituto Israelí para la Democracia entre el 26 y el 30 de abril de 2026. Se basó en una muestra representativa de la población israelí mayor de 18 años, compuesta por 601 entrevistados judíos y 150 entrevistados árabes.
La encuesta revela que la mayoría de los israelíes judíos creen que detener los conflictos en las actuales condiciones compromete intereses de seguridad nacional. Una opinión compartida es que las treguas de combates sin victorias claras entrañan el riesgo de permitir que los enemigos de Israel se reagrupen para volver al ataque.
Ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo y las reiteradas prórrogas del alto el fuego con Irán impuestas por el presidente Trump, la mayoría de la muestra (62 %) considera que la probabilidad de que se reanuden los combates a gran escala es alta. Menos de la mitad de este porcentaje (30 %) opina que las probabilidades son bajas. Entre los judíos, alrededor de dos tercios consideran que la probabilidad de reanudar los combates a gran escala es alta, mientras que la proporción correspondiente entre los árabes es menor, de poco más de la mitad (52 %). En la derecha (judía), una amplia mayoría considera que la probabilidad de reanudar los combates a gran escala es alta, al igual que en el centro, aunque en este último el porcentaje de la mayoría es menor.
La izquierda está dividida sobre la probabilidad de que se reanuden los combates. Interesantes son las respuestas a la pregunta: «¿Cómo calificaría la probabilidad de reanudar los combates a gran escala con Irán?» y «¿El fin de la guerra beneficia los intereses de seguridad de Israel?»
La mayoría de la muestra total (59 %) considera que poner fin a la guerra con Irán en las condiciones actuales es poco o nada compatible con los intereses de seguridad de Israel. Entre los judíos, alrededor de dos tercios opinan que terminar la guerra no beneficia a los intereses de seguridad de Israel. Por el contrario, casi la mitad de los encuestados árabes opina lo opuesto. En los tres grupos políticos (judíos de derecha, centro e izquierda), la mayoría piensa que terminar la guerra no beneficia los intereses de seguridad de Israel.
La opinión pública israelí se muestra pesimista sobre las posibilidades de alcanzar un acuerdo diplomático-defensivo estable con el gobierno libanés que incluya el desarme de Hezbolá. Casi tres cuartas partes de la muestra total considera que la probabilidad de que esto ocurra es baja o inexistente. Entre los judíos, el pesimismo es aún mayor: casi el 80 % cree que la probabilidad de alcanzar dicho acuerdo es baja. Entre los árabes, las opiniones están divididas: el 45 % cree que la probabilidad de un acuerdo con el Líbano es alta y el mismo porcentaje la considera baja. La segmentación de la muestra judía por orientación política revela que una amplia mayoría en los tres grupos considera que la probabilidad de un acuerdo de este tipo es baja (Izquierda, 71 %; Centro, 80 %; Derecha, 79,5 %).
A los encuestados se les preguntó qué garantizaría mejor la seguridad de Israel a corto y largo plazo, si la guerra o un acuerdo. En cuanto al corto plazo, se ha observado un cambio de tendencia en la muestra total durante los últimos dos años: en mayo de 2024, el fortalecimiento del poder militar de Israel era la opción preferida (40 %), pero el apoyo a esta opinión disminuyó gradualmente hasta el 28,5 % en abril de 2026. Durante el mismo período, el porcentaje de quienes consideran que la seguridad de Israel se vería mejor garantizada mediante acuerdos diplomáticos con países de la región ha aumentado del 19 % al 30,5 %. El apoyo a la opinión de que estas dos opciones son igualmente importantes se ha mantenido relativamente estable desde mayo de 2024, y en las dos últimas mediciones el mayor porcentaje de entrevistados ha seleccionado esta respuesta. En cuanto al largo plazo, el mayor porcentaje de encuestados en las tres mediciones ha calificado ambas opciones como igualmente importantes, y este porcentaje ha aumentado de forma constante durante este período. El porcentaje de quienes consideran que los acuerdos diplomáticos son el factor más importante se ha mantenido estable en torno a un tercio en todas las mediciones, mientras que el porcentaje de quienes prefieren fortalecer el poder militar de Israel ha sido el menor en las tres encuestas.
Entre los judíos, tanto a corto como a largo plazo, la mayoría considera que ambas opciones son igualmente importantes. A corto plazo, el fortalecimiento del poder militar (32 %) se percibe como preferible a los acuerdos diplomáticos (25 %), pero a largo plazo, la tendencia se invierte: se prefiere alcanzar acuerdos diplomáticos (32 %) al fortalecimiento del poder militar de Israel (21 %). Entre los encuestados árabes, la situación es diferente: a corto plazo, una clara mayoría prefiere los acuerdos diplomáticos, mientras que, a largo plazo, la mayoría considera que ambas opciones son igualmente importantes.
Ante la pregunta de «¿Cuál de las siguientes opciones garantizará mejor el futuro de la seguridad de Israel a corto y largo plazo?», la segmentación por orientación política entre los judíos revela que, en la izquierda, tanto a corto como a largo plazo, alcanzar acuerdos diplomáticos es la opción preferida. En el centro, tanto a corto como a largo plazo, casi la mitad de los encuestados considera que ambas opciones son igualmente importantes. En la derecha, a corto plazo, alrededor del 40 % prefiere fortalecer el poder militar de Israel y una proporción similar considera que ambas opciones son igualmente importantes; pero a largo plazo, porcentajes iguales apoyan alcanzar acuerdos diplomáticos y fortalecer el poder militar de Israel, mientras que el porcentaje que considera que ambas opciones son igualmente importantes sigue siendo el mayor, en un nivel similar al relativo al corto plazo.
Finalmente, la orientación ideológica de los encuestados primó en la pregunta: «¿Están las fuerzas de seguridad y los organismos encargados de hacer cumplir la ley tratando a los grupos de colonos que participan en actos de violencia contra los palestinos con demasiada severidad, con demasiada indulgencia o de forma apropiada?» Como era de esperar, existen grandes diferencias sobre este tema entre los distintos sectores políticos judíos: tanto en la izquierda como en el centro, una clara mayoría opina que el trato a los colonos implicados en actos de violencia en Cisjordania es demasiado indulgente (84 % y 65,5 %, respectivamente). En la derecha, en cambio, esta opinión solo la comparte el 29 % de los encuestados, mientras que un porcentaje similar considera que las fuerzas de seguridad tratan a estos colonos con demasiada severidad (33 %). El archivo completo de datos se encuentra disponible en: https://dataisrael.idi.org.il. El relevamiento forma parte del Índice de la Voz Israelí (Israeli Voice Index), elaborado por el Viterbi Family Center for Public Opinion and Policy Research del Instituto para la Democracia de Israel (Israel Democracy Institute).
Posdata
La encuesta ha omitido dolorosas preguntas sobre dos síndromes importantes que sufren cada vez más miembros de la sociedad civil Israeli: la lesión ética (ethical injury distress) y el pánico moral.
Cada vez aumenta el número de ciudadanos judíos que están profundamente afectados por los crímenes de la guerra permanente que libra Israel en sus batallas de múltiples frentes, tanto externos como internos.
Se produce una lesión moral cuando una persona es testigo de una acción que viola profundamente sus valores morales osusconvicciones humanistas fundamentales, hondamente arraigadas, acerca de lo que está bien y de lo que está mal, y no logra evitarla.
La reacción de profunda culpa, vergüenza, traición y desmoralización no solo afecta a algunos soldados y reservistas traumatizados, denunciados por Iesh Gvul: también a numerosos civiles que, en la retaguardia, solo sienten impotencia y bronca. Mucha bronca.
Bronca y lesión moral por nuestro aislamiento interior ante el consenso mayoritario en la sociedad civil, al que, en la actual coyuntura de aislamiento internacional de Israel, no le importa el perfil del presidente que brinda apoyo al Estado judío. Ayer el canal oficial de televisión celebraba el triunfo en las elecciones de Colombia del ultraderechista colombiano De la Espriella;solo importaba queen el malecón de Barranquillas flamearan las banderas de Colombia, EE. UU. y de Israel. Sobre todo, que el futuro presidente haya prometido trasladar la embajada colombiana a Jerusalén.
El estado de guerra permanente cronifica esta lesión moral. Y también cronifica el pánico moral que está provocando la protesta de un minoritario grupo de pacifistas que exigen poner fin a la guerra.
El pánico moral es un fenómeno sociológico, no una herida psicológica individual. Ocurre cuando una sociedad reacciona con un miedo exagerado, colectivo y desproporcionado ante un grupo de personas, por su conducta disidente; por ejemplo, pacifistas que hoy son percibidos en Israel como una amenaza a la seguridad nacional.
Varios intelectuales valientes que escriben en Ha’aretz contra la guerra también provocan pánico moral en numerosos lectores. Empecé esta nota recordando a uno de ellos, Oudeh Basharat quien describe con sarcasmo el talante colectivo de israelíes que oscilan entre apoyar a la guerra y rechazar las treguas impuestas porque amenazan ponerle fin.