No sé qué le ocurrirá a usted, querido lector, pero a mí, esto de ser argentino, judío, no creyente ni institucional, me tiene particularmente desorientado, a pesar de que ya hace casi 70 años que llevo algunas de estas huellas conmigo; y a otras las llevo desde hace más de dos mil, o algo así.
Porque si uno nace en una familia judía, sea o no creyente, practicante, observante, sionista, izquierdista o psicoanalista, uno sabe que es “raro”, o en todo caso, que no forma parte de algo de lo que sí forma parte la mayoría de sus vecinos. Para ser claros: de niño, a mis vecinitos les traían regalos de Navidad; a mí, en cambio, me cortaron el prepucio a los siete días. Cuando ellos salían a la calle a mostrar sus regalos, yo no podía mostrar el mío. A ellos, para que se durmieran, les contaban Caperucita, Blancanieves; si eran hijos de psicoanalistas, Edipo Rey. A mí me contaban cómo nos habíamos salvado de los nazis. ¡Andá a dormir así!
Al mismo tiempo, cuando uno nace en una familia católica, sea creyente, observante, etc., uno automáticamente forma parte de “lo normal”. La palabra “católico” viene del griego katolikós, que es algo así como “totalizador”. Aunque viene del griego, la palabra fue impuesta por los romanos (unos maestros en imponer cosas a los demás, en la Antigüedad) desde más o menos el año 325 d. C. Y lo que quiere decir es: “Todo lo que está es lo que está acá adentro; lo que no está acá, no es”. Quizás sea ese el fantasma que mueve a mucha gente a creerse “normal, mayoritaria” aunque no lo sea (lo es en algunos países, pero en gran parte del mundo, no).
Esa sensación de “diferente” me acompaña desde hace décadas, pero debo decir que últimamente creció, engordó, aumentó, se autopercibió más grande, o algo así. Porque había muchas personas cercanas con la que creí compartir ideas, cierta concepción del mundo, sensaciones sociales, elecciones políticas si quieren, y de pronto ¡pufff!, se ve que me distraje un poquito, y se fueron todos a alguna parte.
Por ejemplo, yo nunca fui sionista en el sentido de querer irme a vivir a Israel, siempre fui crítico de sus gobiernos, sobre todo de Menahem Begin para acá; siempre estuve a favor de la paz, pero de una paz que permitiera la existencia del Estado de Israel con fronteras seguras y tranquilas. Y recuerdo haber escuchado, de chico, a Nasser, que quería «tirar a los judíos al mar”; y a algunos otros líderes de la zona aplaudirlo. También me acuerdo, casi en contraposición, de los que decían que los judíos no éramos argentinos, que nos fuéramos a Israel (para que Nasser nos pudiera tirar al mar desde más cerca y no tuviera que venir hasta acá para tirarnos): esa era gente de ultraderecha, y se les decía nacionalistas con «z».

Las izquierdas en general no eran pro israelíes, pero tampoco tenían una actitud militante en contra. Decían: “Viva Perón, o Trotsky, o Mao, o la revolución proletaria” y tenían una importante formación teórica para explicarte por qué Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Gramsci o T. Adorno “la sabían lunga”, la revolución era inexorable, y la burguesía expoliadora tenía los días contados. Era muy divertido y totalmente posible discutir con ellos/ellas. Ahora simplemente dicen: “Palestina libre del río al mar”, y no les preguntes “de qué río a qué mar”, porque recibirás una catarata de insultos, de los cuales “agente encubierto del más genocida, imperialista, colonizador, supremacista (de pollo), antigazatí y propagador de enfermedades sionismo internacional, interplanetario y extragaláctico” va a ser lo más suave que te digan. Te vas a transformar en un agente del Mossad, el Shin Bet y el Latque de Papa (organización ultrasecreta de idishemames para que sus hijos se alimenten adecuadamente), aunque lo más cerca que conozcas del tema sea algún capítulo de Maxwell Smart o alguna peli de James Bond. Vas a ser uno de los dirigentes del Plan Andinia, aunque ni siquiera hayas ido a Bariloche de campamento en tu adolescencia.
¿Y entonces? Entonces lo llamé a mi analista, el Licenciado A.
–Licenciado, estoy angustiado.
–Dígame algo que yo no sepa, Rudy.
–Bueno, algunos de mis amigos se han vuelto profundamente antisionistas, aunque hace poco tiempo ni sabían que existía Israel; y si yo les hablo de la Argentina, de Boca o de las milanesas, me dicen que estoy siendo negacionista.
–Rudy, ¿por qué se rodea de gente tan fascista?
–No, Licenciado, estos dicen que son progresistas.
–Rudy, ¿por qué se rodea de gente tan fascista que no sabe que lo es?
–Son gente que conozco de toda la vida; solíamos coincidir, todos decimos que queremos un mundo mejor.
–Bueno, quizás para ellos un mundo mejor sería un mundo “sin Israel”.
–Mire, Licenciado, yo sé que el actual gobierno de Israel ha hecho cosas terribles y también estoy en contra. También sé que en Israel se vota a la derecha desde que la izquierda fracasó en lograr la paz; y que gobiernos de otros países han hecho y hacen cosas terribles, pero no he visto marchas contra esos países. No conozco marchas contra España “por el franquismo y la Inquisición” o contra Italia “por Mussolini” o contra la Argentina “por la dictadura”, todos gobiernos de tinte ultracatólico. La gente protesta contra esos gobiernos, pero no pide borrar del mapa a los países, ni eliminar el catolicismo que los fogoneó.
–Pero Rudy, ¿a quién se le ocurriría hacer una manifestación contra el catolicismo? ¡Es una locura!
–¿Y por qué hacer una manifestación contra el judaísmo no lo es?
–Como diría Freud: “¿A usted qué le parece?”.