Israel ante un nuevo contrato social

El alistamiento de los ultraortodoxos redefine los clivajes de la sociedad israelí

Esta nota continúa el análisis iniciado en el artículo “Después de 76 años se rompe el círculo vicioso (de privilegios, discriminación y desigualdad)”*, publicado previamente en Nueva Sion, donde Andy Faur examinó la evolución histórica del régimen de exenciones al servicio militar de los estudiantes de las yeshivot y las razones que condujeron a su agotamiento. En esta segunda entrega, el autor analiza las implicancias sociopolíticas del alistamiento de los ultraortodoxos y sostiene que la controversia ha dejado de ser una cuestión sectorial para convertirse en un factor central de reconfiguración de las relaciones entre religión, ciudadanía y poder político, con consecuencias decisivas tanto para la competencia electoral en Israel como para el futuro del país.
Por Andy Faur **

Introducción: La fractura estructural del modelo de coexistencia

El histórico dictamen de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) emitido el 25 de junio de 2024 no representa meramente un hito jurisprudencial o un ajuste administrativo en las cuotas de reclutamiento. Desde una perspectiva macrosociológica, la orden unívoca de incorporar al servicio militar a los alumnos ultraortodoxos de las yeshivot ( academias talmúdicas) significó el colapso definitivo del pacto fundacional de impunidad sectorial que rigió las relaciones entre el Estado y la comunidad jaredí (ultraortodoxa) durante setenta y seis años. Al desmantelar el andamiaje legal que sostenía la exención masiva y el congelamiento provisorio de las transferencias presupuestarias a las instituciones “rebeldes”, el poder judicial forzó una transición abrupta desde un modelo de «excepcionalidad tolerada» hacia una fase de conflicto estructural distributivo.

Este cambio de paradigma ha trasladado el eje de la confrontación desde las esferas institucionales y jurídicas hacia el actual espacio de la arena político-electoral.

Lo que durante décadas operó como un dilema moral encapsulado mediante transferencias informales y convenios de coalición, hoy emerge como la variable explicativa central del comportamiento político israelí contemporáneo.

Las próximas elecciones generales en Israel no se articularán primordialmente en torno a las tradicionales dimensiones de política de seguridad o económica, sino que también se constituirán como un referéndum sociopolítico profundo sobre la vigencia del

contrato social nacional y la legitimidad de las coaliciones condicionadas por minorías confesionales “vetocráticas».

La erosión del consenso «consociativismo» bajo presión demográfica y bélica

Para comprender el agotamiento de este ordenamiento social, resulta imprecindible recurrir al concepto de “democracia consociativa», popularizado por el politólogo Arend Lijphart . Históricamente, Israel gestionó sus profundos clivajes internos (étnicos, nacionales y religiosos) mediante mecanismos de segmentación y autonomía comunitaria. El acuerdo original de las 400 exenciones otorgadas por David Ben Gurión en 1951 funcionaba como una válvula de escape para preservar un patrimonio cultural percibido en vías de extinción, es decir el judaísmo ultraortodoxo que se encontraba en agonía en aquellos años. No obstante, el éxito demográfico de la comunidad ultraortodoxa —caracterizada por una de las tasas de natalidad más elevadas del mundo desarrollado— transformó una micro-minoría protegida en un actor demográfico significativo, que hoy representa cerca del 13% de la población total, proyectándose hacia un cuarto del país para mediados de siglo.

Este “éxito demográfico» de la subcultura jaredit transformó el mecanismo original de preservación en una carga estructural insostenible para la estructura productiva y defensiva del Estado de Israel actual.

Esta metamorfosis demográfica coincidió con un escenario de conflicto armado prolongado de alta intensidad a partir de los eventos subsiguientes al 7 de octubre. La prolongación de la guerra sometió al sector productivo y defensivo mayoritario de la sociedad israelí (las clases medias laicas, tradicionalistas y del sionismo religioso moderno) a un nivel de estrés estructural sin precedentes. El incremento drástico en los días de servicio para reservistas y las consecuentes disrupciones familiares y económicas erosionaron el umbral de tolerancia civil hacia la asimetría en el sacrificio. La noción del «ejército del pueblo» (Tzva Ha’am), pilar de la cohesión social israelí, entró en abierta contradicción con el mantenimiento de una subcultura exenta y subsidiada.

En términos de ciencia política, se verifica que la legitimidad de un sistema normativo decae cuando el grupo mayoritario percibe que el principio de reciprocidad básica ha sido cancelado unilateralmente.

El engranaje de control social: El sistema de Yeshivot como “instituciones totales”

Una lectura crítica de la resistencia ultraortodoxa al alistamiento exige superar la narrativa institucional simplista y analizar los mecanismos internos de control social que operan dentro de dicha comunidad.

Tomando como referencia la clásico conceptualización de Erving Goffman, el complejo sistema de las yeshivot y las comunidades jaredim opera bajo la lógica de una «institución total»: el confinamiento de los jóvenes varones entre los 18 y los 26 años al estudio exclusivo de la Torá bajo la fórmula de Toratam Umanutam («la Torá es su oficio») no obedece únicamente a motivaciones de índole teológica o religiosa, sino que funciona como una barrera sociológica diseñada para aislar al individuo de los procesos de integración a la sociedad moderna israelí y el sionismo secularizante.

Este aislamiento genera una relación de dependencia económica, social y psicológica absoluta. Al prohibirse normativamente el acceso a la educación secular formal (ciencias, matemáticas, inglés) y castigarse la inserción temprana en el mercado laboral formal bajo pena de pérdida de los subsidios estatales, el sistema perpetúa una trampa de pobreza subsidiada institucionalizada.

Los jóvenes carecen de las competencias de empleabilidad básicas para

interactuar de forma autónoma fuera del enclave intracomunitario jaredí. Al contraer nupcias a edades tempranas y estructurar familias numerosas, quedan insertos en una red de subsidios municipales, asignaciones y complementos estatales gestionados de manera centralizada por los liderazgos rabínicos y las corporaciones políticas, educativas y sociales del complejo entramado ultraortodoxo.

De este modo, la exención militar no es sólo un beneficio individual, sino un mecanismo aceitado y un círculo vicioso de autopreservación de la élite clerical para evitar la deserción de sus bases hacia la corriente mayoritaria de la sociedad israelí.

La coyuntura electoral como catalizador y reconfigurador de bloques

La inminencia de la campaña electoral activa una dinámica de polarización donde el clivaje religioso-secular amenaza con fragmentar las tradicionales coaliciones de bloques geopolíticos.

En términos coyunturales, el actual escenario electoral se presenta bajo tres ejes de reconfiguración de fuerzas:

  • La crisis de representación en el Likud: El partido liderado por Benjamín Netanyahu experimenta una severa contradicción interna. Para retener el poder ejecutivo, depende simbióticamente del bloque parlamentario ultraortodoxo. Sin embargo, su base de votantes tradicional pertenece mayoritariamente a los sectores nacional-tradicionales que sufren de primera mano los costos operativos de la movilización militar. Esta disonancia cognitiva predice una posible fuga de capital electoral hacia partidos de derecha secular o de oposición centralista que logren articular una plataforma de «igualdad en la carga» (Shivión Banetel).
  • Junto con esto, la paulatina y progresiva cooptación del partido por sectores mesíanicos, extremistas y fundamentalistas que carcomen (si es que no lo hicieron ya) sus tradicionales bases liberales, tradicionalistas y nacionales.
  • La movilización reactiva y el riesgo de guetización política: Para los partidos ultraortodoxos, el escenario electoral es percibido en términos existenciales y escatológicos. La pérdida de financiamiento público (vital para su supervivencia) para sus instituciones de enseñanza superior ha generado un cierre de filas identitarias. Su movilización electoral se estructurará bajo la semántica del asedio y el “martirologio cultural” (ataque al mundo de la Torá), maximizando la participación de sus bases. Sin embargo, al perder su condición histórica de «fieles de la balanza» capaces de pactar de forma pragmática con la izquierda o la derecha, corren el riesgo de sufrir una alienación estructural del aparato estatal si la oposición logra conformar un bloque mayoritario alternativo.
  • El surgimiento de terceras vías laico-nacionalistas: El debate actual favorece el robustecimiento de discursos que fusionan el chovinismo del bienestar con el deber cívico, exigiendo el fin de todas las prebendas estatales no vinculadas a la productividad económica o al servicio civil y militar obligatorio.

Fisuras microsociológicas: Agencia, deserción y el sector periférico

Frente a la aparente homogeneidad monolítica que los líderes ultraortodoxos intentan proyectar hacia el exterior, el análisis sociológico de campo devela la existencia de corrientes subterráneas de disidencia y diversificación interna. Las estimaciones de las agencias de planificación del Estado evidencian de forma sistemática que un porcentaje significativo de los jóvenes registrados formalmente en las yeshivot —en ocasiones cercano al 50%— compone un sector denominado «periférico» o de «estudiantes desertores».

Estos individuos habitan las fronteras difusas de la ortodoxia: deambulan por los márgenes del sistema educativo, se insertan de forma precaria en la economía informal y experimentan un proceso de desconexión subjetiva respecto de las rigideces normativas del enclave comunitario.

El corte severo de transferencias presupuestarias ordenado por los tribunales actúa como un acelerador exógeno de estos procesos de individuación y agencia colectiva. Ante la reducción de la capacidad de asistencia material de las redes comunitarias, un número creciente de familias y jóvenes adultos se ve impelido a evaluar alternativas de inserción laboral formal, lo que inexorablemente demanda la regularización de su situación militar a través de programas específicos diseñados para la población ortodoxa (como las divisiones de inteligencia tecnológica o logística adaptada). Este segmento transicional, aunque políticamente silenciado por las estructuras de poder rabínicas, introduce un factor de cambio sociocultural irreversible a mediano plazo que los partidos políticos tradicionales ya no logran canalizar.

Sumado a esto,se profundiza  la creciente demanda y aspiraciones de los jóvenes ultraortodoxos a una mejor  calidad y nivel de vida, que los rígidos marcos jaredim limitan y alejan de su alcance, lo que implica un alejamiento de dichas instituciones y la consiguiente pérdida de poder de coerción, autoridad y control.

Conclusión: ¿Maduración civil o anomia institucionalizada?

El círculo vicioso de prerrogativas selectivas e inmunidades sectoriales iniciado como una concesión táctica transitoria en 1951 y transformado por el gobierno del Likud -Beguin, en 1977, en una farsa de captura presupuestaria generalizada ha alcanzado su límite de sostenibilidad sistémica.

Las dinámicas de movilización de la sociedad civil, las directrices judiciales y la reorganizacion social derivada del prolongado estado de beligerancia han limitado en forma drástica, los márgenes para las soluciones de postergación burocrática.

Las próximas elecciones en Israel se presentan, en última instancia, como la resolución de una crisis de legitimidad del Estado. El electorado se enfrenta a la disyuntiva de convalidar una reforma profunda del contrato social, orientada a una distribución equitativa de las cargas públicas, los derechos y las obligaciones ciudadanas, o sumergir al país en un ciclo crónico de inestabilidad anómica, caracterizado por la parálisis de un régimen democrático rehén de sectores impermeables a las demandas de reciprocidad colectiva.

En definitiva, lo que se dirime en las próximas elecciones no es la mera conformación de un nuevo gabinete de ministros, sino la viabilidad misma de la existencia de Israel como una comunidad política integrada y democrática en las próximas décadas.

* https://nuevasion.org/archivos/40771

** Dr. en Educación, sociólogo y educador.