Rosh Hashaná Yom Kipur

El rostro del otro

En tiempos atravesados por la imagen, la exposición y la distancia, Rosh Hashaná propone otro camino: la interioridad, la palabra y el encuentro. Un ejercicio de revisión y reparación que nos recuerda que somos responsables de nosotros mismos, pero también del otro y del mundo que construimos juntos.
Por Aliza Toker

El adentro y el afuera.

En el mundo de hoy, la imagen, el mostrar el “Ser” para afuera, pareciera fundamental. Somos, si se nos ve. Esa poderosa imagen, nos confunde y nos devuelve “algo” que, tal vez, no somos.

Rosh Hashaná, nos convoca a mirarnos internamente. A pensarnos en nuestras propias acciones. A mirar al otro, a nuestro semejante, de manera concreta no “a través”, no como transparente ni como espejo.

Nos compele a conversar, a dialogar con uno mismo y con el otro. Como plantea Emmanuel Levinas “La conversación abandona la violencia. Hablar es al mismo tiempo que conocer a otro, darse a conocer. El otro no es solo conocido, es saludado, no es solo nombrado es invocado. Hablar instituye la relación moral de igualdad, por consiguiente, reconoce la justicia”.

Nos hablamos a nosotros mismos acerca de nuestras actitudes y por eso en Iom Kipur pedimos ser perdonados. Y se lo pedimos al otro, a quien podemos mirar a los ojos.

El examen interno, Jeshvón Hanefesh, el Vidui, confesión, debe ser dicho. En palabras en voz alta. La posibilidad de escucharnos a nosotros mismos y al otro en un mismo lenguaje.

Pues la posibilidad del encuentro con el “otro”, es palabra.

Rosh Hashaná es la única festividad del calendario hebreo que cae a inicio del mes. A diferencia de otras fiestas, no está relacionado a ningún evento histórico, es el Día del Toquido del Shofar – Iom Teruá– el Día del Recuerdo – Iom Zicarón- el Día del Juicio – Iom Hadín.

Es el día de nacimiento del mundo. Shaná, es shinui, es cambio. Nuestra reflexión es lo que puede generar el cambio.

El toquido del Shofar, nos despierta. ¿A qué? A la solidaridad, al compromiso conmigo y con los demás. Y entonces podemos saludar al otro, con nuestros mejores deseos de un año bueno, dulce, de realizaciones y uniones. Nos centramos en nosotros para salirnos y estar disponible para la alteridad. Proteger el espacio de la interioridad nos abre a la responsabilidad mutua, al encuentro.

Porque soy responsable de mí y del otro. Somos corresponsables de la continuidad del mundo y de poder ser socios en la creación. Somos responsables de crear sociedades basadas en la justicia no sólo como aspiración mesiánica, sino en el aquí y ahora.

El Rambán trae un ejemplo de la creación del mundo, donde Dios tomó la materia primitiva y le dio forma. Es decir: Algo que todavía está en su estado natural no puede ser un shofar. Sólo el material que ha sido “mejorado” por el hombre puede servir significativamente.

Según el Rambán, el shofar no simboliza un retorno a la naturaleza, ni da expresión a un estado primitivo. Por el contrario, expresa lo que es único en el hombre: su capacidad para cambiar la naturaleza, para formar un utensilio a partir de materiales naturales. El hombre altera la finalidad del cuerno, que pasa de ser un punzón que da cornadas a un utensilio que puede producir música.

Y aparece la figura femenina. Este día es “harat olam”, embarazo y dar a luz. El recuerdo de nuestras matriarcas Sara, Rivka, Rajel, Lea, Janá. Nacimiento y parto del mundo y del hombre: “leolam” para siempre.

El nacimiento es una nueva vida. Símbolo de la renovación posible, de la esperanza, de la superación de nosotros mismos, en una especie de nuevo nacimiento.

El hombre es aquel que conoce el bien y el mal y puede errar y corregir.

Errores que debemos enmendar, reconociéndolos. Un análisis profundo que nos permita no repetirlos. Una conciencia honesta, verdadera de pedido de perdón para no volver a la conducta equivocada. Que pueda reparar, mirar con compasión. La posibilidad del perdón y por el don de la palabra nos reconcilia. El perdón nos sana. Sin perdón no habría humanidad.

Y es en este período, precisamente, cuando debemos pensar en la paz. La reflexión, el mirar al otro y romper la barrera del “no ver”, hablar y pedir disculpas. Eso nos acerca a la paz.  Shalom significa principalmente un valor, una categoría ética. La búsqueda de la paz es la obligación del individuo.

En relación con la paz, está escrito: “‘busca la paz, y persíguela’ Tzedek, tzedek tirdof”. Dice el Talmud: “búscala en tu propio lugar, y persíguela también incluso en otro lugar” (Vayikrá Rabá 9:9).

Por todo esto y volviendo a Levinas: “La visión del rostro no es una experiencia, sino una salida de uno mismo, un contacto con un ser otro y no simplemente sensación de uno mismo

Es decir “Hineni”, Heme aquí, dispuesto para ti”.

Que este Rosh Hashaná nos permita reconocernos y reconocer al que tenemos a nuestro lado, nos encuentre abiertos y dispuestos y a dar a recibir.