El acuerdo
El 13 de febrero de 2023, el entonces ministro del Interior Wado de Pedro encabezó un acto en el que se rubricó un acuerdo técnico para mejorar el manejo del agua entre cinco provincias y la empresa estatal israelí Mekorot.[1] Poco menos de un año antes de esa firma, y fruto del trabajo coordinado entre esa cartera de gobierno, la Embajada de Israel y el Consejo Federal de Inversiones (CFI), se había realizado una Misión de Cooperación científico-tecnológica en manejo de agua al Estado de Israel, con el objeto de conocer el modelo de gestión de dicho país para afrontar la crisis hídrica: téngase en cuenta que Israel se encuentra asentado en gran medida sobre un desierto.
Fuera Mekorot
A partir del acuerdo, las especulaciones fueron muchas. Sus críticos denuncian la nula transparencia de las cláusulas de los contratos, montos y plazos, la probable obligación de las provincias de atenerse a jurisdicción extranjera en caso de diferencias, o la posibilidad de que se esté cediendo la propiedad intelectual de los estudios que la empresa pudiera realizar sobre los ríos y las napas de nuestro país.
Por supuesto, la falta de transparencia de un acto público genera suspicacias. Sobre este hecho se monta la campaña “Fuera Mekorot”, impulsada por distintas organizaciones (como el Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino, la APDH, el Movimiento BDS Argentina y grupos ambientalistas nacionales y locales), partidos políticos (principalmente el PTS y el PO, integrantes del Frente de Izquierda), y personalidades destacadas como el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel o la ya fallecida referente de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, Nora Cortiñas. En la web oficial de la campaña se plantea que “Mekorot es la empresa del apartheid israelí del agua contra el pueblo palestino.” También expresa que “el 85% de la población indígena palestina no tiene acceso al agua según los estándares de la Organización Mundial de la Salud, teniendo solo 40 litros diarios cuando lo recomendado son 100 litros. Lo que venden como ‘milagro del desierto’ es saqueo, ocupación y colonialismo. Este modelo quieren importar en nuestros territorios”[2]. Bajo el lema “Nos están robando el agua”, la crítica de la campaña asimila de modo directo la realidad argentina a la cisjordana.

Aunque los acuerdos no se hubieran publicado —lo cual sería deseable y necesario—, no por ello se trata de actos reñidos con los procedimientos administrativos: en nuestro país, los convenios de asistencia técnica firmados por el Poder Ejecutivo provincial no en todos los casos requieren aprobación legislativa ni publicación obligatoria, según cada régimen provincial —a diferencia de, por ejemplo, el endeudamiento público—. Ante este vacío, la crítica solo parece asentarse sobre los antecedentes de la empresa en otras realidades nacionales, y en la interpretación particular que cada actor realiza sobre el conflicto histórico que se desarrolla en Medio Oriente.
¿Todo marcha acorde al Plan?
Lo que Mekorot busca en la Argentina es obtener rentabilidad por la prestación de un conjunto de servicios, con las mayores ventajas posibles para su inversión y las garantías que le pueda arrancar al Estado. En esto, la empresa israelí en nada se diferencia de cualquier otra empresa prestadora de servicios públicos en una economía capitalista periférica como la nuestra. Años atrás, tales “garantías” le costaron millones de dólares al Estado, cuando la empresa francesa Suez litigó ante el CIADI por la rescisión del contrato de Aguas Argentinas, consorcio que manejó el servicio en Capital Federal y 17 partidos del Gran Buenos Aires desde 1993 hasta su estatización en 2006. La historia, en ese sentido, no sería nueva: es la vieja pregunta de qué se cede cuando un Estado le delega a una empresa extranjera —pública o privada, europea, asiática o israelí— la explotación de un recurso estratégico. A lo largo de los años, una sociedad civil rápida de reflejos y con capacidad de organizarse ha manifestado críticas en torno a varias empresas. Por caso, contra la canadiense Barrick Gold, la minera que en 2015 protagonizó uno de los derrames de cianuro más graves registrado en la Argentina.[3] Nadie denunció, en el caso francés o canadiense, que esas empresas formaran parte de un plan para la apropiación de porciones del territorio nacional, o la colonización por parte de residentes extranjeros. En cambio sí fueron señaladas como empresas que depredan nuestros recursos naturales con la anuencia y complicidad del poder concentrado local y los gobiernos provinciales, en perjuicio de las poblaciones a las cuales les dejan, como residuos inservibles, los ríos contaminados o secos.
En el caso de Mekorot, la crítica legítima al secretismo contractual convive, como puede apreciarse en un rápido repaso por las redes sociales, con la vieja fantasía que postula que “Israel y el sionismo” estarían preparando, en secreto, la ocupación de la Patagonia. Un informe sobre la nacionalidad de propietarios de tierras rurales en la Argentina elaborado por el Observatorio de Tierras del Instituto de Estudios Sociales y Humanos del CONICET-UBA[4], da cuenta de que en 2024 el 1,03% de las tierras estaban en manos de personas físicas/jurídicas estadounidenses, seguidas por italianas (0,77%), españolas (0,65%), suizas (0,30%) y chilenas (0,23%).
Contabilizando 115 hectáreas, los israelíes poseen el 0,00004% (algo así como cuatro diezmillonésimas partes) de las tierras rurales, ocupando el puesto 59 del ranking, muy por detrás de los namibios, egipcios o serbios (estos últimos, poseedores de unas 2.672 hectáreas de tierras rurales en la Argentina). Un dato adicional: el porcentaje total de tierras en manos de extranjeros es de poco menos del 5%. Si existe algo así como un “Plan Andinia”, del cual el manejo de los recursos hídricos formaría parte fundamental, éste no parece mostrar “avances significativos” en términos de la apropiación del territorio en manos de ciudadanos israelíes para refutación de quienes, notablemente alarmados, así lo manifiestan a izquierda y derecha del espectro ideológico.
Capitalismo salvaje
Si se trata de denunciar la entrega de recursos naturales a capitales extranjeros en detrimento de su goce y usufructo por parte de nuestro pueblo, este columnista se ubicará claramente en el lugar de la protesta y las acciones que de ella se deriven, en clara oposición a quienes postulen que el desarrollo económico y social solo será posible a través de la enajenación incondicional y ruinosa de los recursos de nuestra nación. Dicho de otro modo: es posible acordar con la crítica a Mekorot, a la vez que es necesario rechazar una determinada explicación conspirativa de esa crítica. La expresión “Vienen por el agua”, planteada por algunos críticos del acuerdo, tiene alto impacto y es movilizante, pero merece una reflexión: ¿Quiénes y cómo se llevarían el agua? ¿Acaso en las cantimploras de los turistas israelíes que visitan el país cada verano? ¿Con un caño que la traslade desde el acuífero Guaraní hasta las piscinas de los resorts de Eilat?
Negar el secretismo contractual de Mekorot en la Argentina, así como el historial de denuncias por su gestión de la infraestructura y recursos hídricos de las comunidades palestinas en Cisjordania, sería ignorar evidencia sólida contra la empresa.[5] Pero asumir el rechazo activo a esa empresa capitalista en función de un prejuicio o ficción desvariada, tampoco resiste el cruce con los datos. La resistencia popular y organizada a la cesión de la soberanía de los recursos naturales constituye una larga tradición argentina, la cual no distingue banderas —sean las de Francia, Canadá o Israel—; pero al mismo tiempo se evidencia un fenómeno creciente del antisemitismo[6], narrativa en la cual Mekorot o el criticable alineamiento incondicional del gobierno de Milei con Israel y Estados Unidos ingresan como engranajes de “un plan más amplio y ambicioso”. Ningún otro conflicto por la soberanía hídrica o minera en la Argentina escala hasta semejante y absurda consideración.
[1] https://www.argentina.gob.ar/noticias/wado-de-pedro-encabezo-la-firma-de-un-acuerdo-tecnico-entre-cinco-provincias-y-la-estatal
[2] https://fueramekorot.org/
[3] https://www.infobae.com/2015/09/23/1757554-barrick-gold-reconocio-que-derramo-mas-un-millon-litros-solucion-cianurada/
[4] https://iesyh.conicet.gov.ar/observatorio-de-tierras/
[5] https://www.un.org/unispal/document/auto-insert-180328/
[6] https://www.adl.org/sites/default/files/pdfs/2025-05/j7-annual-report-on-antisemitism-2025.pdf