Desarchivar la memoria de Rivera

Una historia poco conocida de la colonización judía argentina vuelve a la memoria a través de “Voces en el tiempo, Rivera en primera persona”, documental de José Dujovne y Laura Szames, impulsado por el Archivo Audiovisual y el Museo de la Colonización Judía de Rivera. Sus testimonios y archivos permiten reconstruir no solo las dificultades de los inmigrantes frente a la aridez de la tierra y la administración de la JCA, sino también las formas de autogestión y la construcción de una vida comunitaria, cultural y solidaria.
Por Ana Wortman

Como señala Bernardo Sorj (2025), el judaísmo contemporáneo es relatado, por un lado, a partir del impacto del Holocausto en la comunidad judía europea y, por otro, de las causas y consecuencias de la creación del Estado de Israel. También desde instituciones europeas con filiales en América Latina y, en Buenos Aires particularmente, se promueve una recuperación del idish en tanto lengua identitaria que contiene una vasta cultura expresada en la prensa, la política, la literatura, la música y el teatro. En la Argentina, el relato sobre la historia de la presencia judía suele tener una fuerte impronta urbana, mientras que recibe menor atención la experiencia de la colonización agrícola impulsada por el barón Hirsch, generalmente más asociada a un pasado distante. Sin embargo, en el siglo XXI la memoria judía ha reaparecido en forma de turismo cultural y revalorización del patrimonio, tanto por acciones culturales de las provincias como por los descendientes de los pioneros.

Dentro de esa historia, los relatos, fotografías, registros fílmicos, notas periodísticas y trabajos académicos han documentado y analizado con mayor frecuencia la experiencia de la colonización judía en la Argentina a partir de los casos de Entre Ríos y Santa Fe. Desde el emblemático libro de Alberto Gerchunoff, Los gauchos judíos, hasta trabajos más recientes de literatura periodística, como Los crímenes de Moisés Ville, de Javier Sinay; la publicación de tesis y artículos académicos, como los de Iván Cherjovsky; y la creación de espacios académicos dedicados al estudio de lo judío, tanto por intelectuales argentinos como norteamericanos e israelíes, se ha ido ampliando y diversificando el relato sobre la presencia judía en la Argentina.

Algo sabemos de la colonia Mauricio, en Carlos Casares, en particular por la figura de Mordejai Alpersohn y sus escritos en idish. Esas tres colonizaciones coincidieron con otras no judías de las dos últimas décadas del siglo XIX, que en Argentina aparecen no solo por la iniciativa del barón Hirsch como respuesta a los pogroms y la miseria que se impone a la comunidad judía en el Imperio ruso, sino también, en forma paralela, por el proyecto argentino de abrir el país a la inmigración europea[1]. En la construcción del relato sobre esa historia judía agraria, menos sabemos de las colonizaciones judías agrarias del siglo XX, fundación coincidente con la crisis del relato de la elite argentina sobre los beneficios de la llegada de inmigrantes europeos.

Rivera, una historia que busca ser recuperada

En esta ocasión, nos estamos refiriendo a Rivera, ubicada en el partido de Adolfo Alsina, en la provincia de Buenos Aires, fundada oficialmente el 5 de abril de 1905. Nació como una colonia agrícola impulsada por inmigrantes judíos europeos que huían de la persecución zarista, y su nombre original fue Colonia Barón Hirsch.

Es importante señalar que el contexto local ya no abría de la misma manera los brazos a la inmigración europea como en las últimas décadas del siglo XIX. La elite argentina tenía desconfianza de los inmigrantes, ya que quienes habían llegado al puerto no respondían a una mirada idealizada de Europa. Muchos de ellos, además de ser pobres, estaban organizados y constituyeron el anarquismo en las incipientes organizaciones obreras urbanas. En este caso, estos inmigrantes, si bien alentados por la JCA, la “ievich”, como le llamaban y le siguen llamando los riverenses, vinieron por sus propios medios; es decir, no eran tan pobres como los que fueron a Entre Ríos y Santa Fe, y fueron llevados a esta zona donde el barón Hirsch había comprado tierras.

En los relatos de los sobrevivientes y en diversos testimonios, si bien se reconoce que si no hubiera sido por esta empresa muchos hubieran sido víctimas del antisemitismo europeo, la llegada y el devenir en estas zonas tan áridas y desérticas no correspondían con lo esperado y prometido. Suele atribuirse a los administradores y mediadores locales del proyecto gran parte de las dificultades del éxito y el desarrollo del pueblo. A diferencia de la convocatoria a judíos de Europa oriental que fueron a Moisés Ville y a Entre Ríos, en esta oportunidad, la JCA convocaba a judíos que reunieran más requisitos que en las convocatorias anteriores. En particular, las familias debían hacer un aporte de dinero para ser tenidas en cuenta en el momento de la asignación de la parcela de tierra.

Como señala José Dujovne, el realizador del documental Voces de la tierra, con el apoyo de archivo de Laura Szames, el objetivo de este registro consistió en desarchivar, recuperar los relatos en primera persona: “esa es la potencia de esos relatos, por eso no es un documental convencional, no hay textos”. La historia “escondida” en los archivos, tanto escritos como orales y visuales, fue organizada en un documental para revalorizar la historia a través de sus protagonistas y darla a conocer a las nuevas generaciones.

Según Dujovne, si bien esta población existe por iniciativa de la JCA, todo lo que se logró es resultado de la iniciativa de los inmigrantes. En esa cultura de la autogestión, heredera del cooperativismo, se incluye él mismo cuando señala que es un apasionado por la fotografía, la filmación y las grabaciones: “Podemos contar lo que tenemos registrado”. Lo cual lo lleva a crear el Archivo Audiovisual de Rivera, que ya tiene 17 años y cuenta con un sitio web. Se mencionan también dos libros: uno escrito en el cincuentenario de la fundación de Rivera (1955), que se puede leer en el sitio del Archivo, y otro de Elías Marchesky, Tejedor de oro, de 1964.

Tanto en el documental como en la conversación con José Dujovne se destaca la buena convivencia e integración con otras comunidades, como los alemanes del Volga. En el presente y en la llamada “fiesta del knishe”, son estas comunidades las que lo promueven y la parroquia es la encargada de hacer varenikes.

Una comunidad que se cuenta a sí misma

Así como los inmigrantes trabajaron el campo a partir de la experiencia, también el desarrollo cultural a través de bibliotecas, teatros y museos fue resultado de sus iniciativas. La crítica a la “ievich” es reiterada a lo largo del documental y en la conversación con Dujovne. La frustración por las dificultades de la aridez de la tierra y los contratos usureros de la Administración generaban conflictos con los colonos, algunos de los cuales, en determinadas situaciones fueron expulsados.

En relación con la creación de la biblioteca, nos llamó la atención la mención acerca de que los administradores censuraban el tipo de libros que la conformaban. Se desconfiaba del carácter “social” de algunas publicaciones, lo cual nos devela cierta coincidencia con el discurso de las elites argentinas en relación con las migraciones de comienzos del siglo XX.

Debe destacarse que en 1902 entró en vigencia la Ley de Residencia (Ley N.º 4.144), una norma argentina sancionada el 22 de noviembre de 1902 e impulsada por el senador Miguel Cané. Esta ley autorizó al Poder Ejecutivo a expulsar del país a cualquier extranjero sin necesidad de un juicio previo, bajo el argumento de comprometer la seguridad nacional o perturbar el orden público.

Como aparece registrado en el Diccionario de las izquierdas argentinas del CEDINCI, en 1909 llega a la Argentina Leo Zajanovich, quien formaba parte del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso[2] (POSDR), periodista, conferencista y orador en el Imperio ruso y en Austria, ferviente crítico del modo como intervino la JCA en la colonización judía en el campo argentino, tenía como propósito generar formas cooperativas alternativas a la JCA para los inmigrantes. En el marco de la Ley de Residencia y de cierto estado de excepción reinante en la Argentina por el aniversario del Centenario, Leo Zajanovich es expulsado del país. Este hecho expresa cierta consonancia entre los administradores de la JCA y la elite dominante, ya diferente en cuanto al discurso sobre los inmigrantes de la generación del 80.

Como destaca el realizador del documental, Rivera es presente, ya que, a pesar de que hubo un éxodo a las ciudades, se convirtió en un pueblo en el cual se destacan sus escuelas, entre ellas, una escuela judía, donde van niños que no son de la colectividad, y también el Museo de la Colonización, organizado en la sinagoga. Para noviembre de este año está previsto un encuentro sobre museos y archivos. La segunda parte del documental girará en torno al lugar del amor entre colonias, a través de las correspondencias que forman parte de una muestra itinerante.

Bibliografía

Schers, D. (1992). “Inmigrantes y política. Los primeros pasos del Partido Sionista Socialista Poalei Sion en la Argentina, 1910-1916”. EIAL – Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, 3(2), 75–88.
https://doi.org/10.61490/eial.v3i2.1261

Sorj, B. (2025). Geopolítica, historia y formación del imaginario judío. 1.ª ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Tzavta, 2025. Jazanovich, Lev (León) — CEDINCI


[1] La sanción de la Constitución Nacional de 1853 (con garantías civiles para el extranjero) y la posterior Ley de Inmigración y Colonización N.º 817 de 1876 institucionalizaron el rol activo del Estado mediante agencias de propaganda en Europa y la creación de hospedajes temporarios.

[2] Según la investigación de David Schers, nació como Katriel Shuv, pero cambió (por influencia del Partido Poalei Sion de Estados Unidos) su nombre hebreo por un nombre con una “imagen” más “atractiva” (mezcla del nombre latino europeo usado en Alemania —León—, del hebreo Jazan y del ruso, la terminación -ich). Como se informa en la biblioteca del CEDINCI, Jazanovich fue convocado a la Argentina por Zalman Sorkin y los dirigentes de la sección argentina del Partido Obrero Socialdemócrata Poalei Sion (Obreros de Sion en hebreo), fundada en Buenos Aires en agosto de 1906. Poalei Sion era una organización sionista socialista inspirada en las ideas de Sorj, Ber Borojov.