Avraham Shlonsky (6 de marzo de 1900 – 18 de mayo de 1973) fue poeta, traductor y editor israelí, nacido en Rusia. Su figura ocupa un lugar central en la construcción de la literatura hebrea moderna en Eretz Israel y, posteriormente, en el Estado de Israel.
Fue fundamental en el desarrollo del hebreo moderno y de su literatura, tanto por sus numerosas y celebradas traducciones de clásicos literarios —especialmente del ruso— como por su propia producción poética y por sus obras destinadas a los niños, varias de las cuales se convirtieron en clásicos de la literatura infantil hebrea.
Pero la importancia de Shlonsky no se limitó a sus propios textos. Fue también un verdadero artífice de la renovación de la lengua. Su relación con el hebreo estuvo marcada por la búsqueda constante de nuevas palabras, juegos lingüísticos, giros inesperados y formas de expresión capaces de dar cuenta de una realidad que también estaba naciendo. Conocido por su sentido del humor, se ganó entre los bromistas de su generación el apodo de “Lashonsky”, un juego de palabras con lashon, que significa “lengua” o “idioma”. El sobrenombre aludía precisamente a su permanente preocupación por las posibilidades expresivas del hebreo y a sus ingeniosas y perspicaces innovaciones en una lengua que todavía se encontraba en pleno proceso de desarrollo.
Biografía
Avraham Shlonsky nació en el seno de una familia jasídica en Kryukovo, en la gobernación de Poltava del Imperio ruso, actualmente parte de Kremenchuk, en Ucrania. Su padre, Tuvia, era un jasídico de Jabad, mientras que su madre, Tzippora, era una revolucionaria rusa.
La historia familiar contiene ya algunos de los elementos que marcarían la vida posterior de Shlonsky: el mundo religioso judío, la efervescencia política y revolucionaria de la Rusia de comienzos del siglo XX y, finalmente, la ruptura con ambos universos.
Una anécdota de su infancia resulta particularmente significativa. Cuando Tzippora estaba embarazada de su sexto hijo, escondió carteles ilegales en su cuerpo. Avraham, que tenía entonces cinco años, delató a su madre, lo que condujo a su arresto. El episodio, además de formar parte de la singular historia familiar, permite entrever las tensiones políticas y sociales que atravesaban el ambiente en el que creció el futuro poeta.
Cuatro de sus hermanos fueron niños prodigio. Su hermana menor, Verdina Shlonsky, se convertiría posteriormente en una reconocida compositora y pianista.
En 1913, cuando tenía apenas 13 años, Avraham fue enviado a la Palestina otomana para estudiar en el prestigioso Liceo Hebreo Herzliya, en Tel Aviv. La experiencia significó un primer contacto con el proyecto de renovación cultural y lingüística que comenzaba a desarrollarse en Palestina. El hebreo, que durante siglos había estado asociado fundamentalmente a la liturgia, los textos religiosos y la producción intelectual, comenzaba a convertirse en una lengua cotidiana, capaz de expresar las nuevas experiencias de una sociedad que se estaba formando.
El estallido de la Primera Guerra Mundial alteró sus planes y obligó a Shlonsky a regresar a Ucrania.
En 1921, toda la familia se trasladó a la Palestina del Mandato Británico. Tuvia Shlonsky trabajaba como gerente de almacén y contable en la fábrica Shemen, en Haifa. Avraham, por su parte, se incorporó al mundo del trabajo manual: fue obrero, pavimentó caminos y participó en tareas de construcción junto con otros miembros de la Tercera Aliyá.

Como tantos jóvenes de aquella generación, la construcción de una nueva sociedad no era para él una abstracción. Se trataba también de una experiencia cotidiana, ligada al trabajo físico, a la organización colectiva y a la creación de nuevos espacios de vida. Shlonsky se incorporó a Gdud Ha’avoda y participó en la fundación del kibutz Ein Harod, en el valle de Jezreel.
Su vida personal tampoco estuvo exenta de contradicciones. Se casó con Lucia, pero mantuvo una relación secreta con Mira Horowitz, esposa de un amigo y colega. De esa relación nació un hijo en 1936. La vida del poeta, como su obra, estuvo atravesada por tensiones entre mundos diferentes y, en ocasiones, difíciles de conciliar.
Carrera literaria
Shlonsky publicó su primer poema en 1919, en el periódico Ha-Shiloah. Desde muy temprano comenzó a participar activamente de la vida cultural judía de Palestina. Escribió canciones para obras de teatro satíricas y para los bailes de disfraces de Purim, una tradición muy arraigada en los primeros años de Tel Aviv.
Ya en esta etapa temprana de su carrera mostró una marcada inclinación hacia la escritura ingeniosa y hacia la experimentación con el idioma. El hebreo no era para él una lengua acabada, sino una materia viva, susceptible de ser transformada, enriquecida y reinventada.
Esta concepción se reflejó especialmente en su utilización del lenguaje. Shlonsky jugaba con las palabras, recuperaba expresiones antiguas, inventaba otras nuevas y exploraba las posibilidades sonoras y semánticas del hebreo. En buena medida, su tarea literaria acompañó y estimuló el proceso por el cual el hebreo moderno fue adquiriendo los recursos necesarios para convertirse en una lengua literaria y cotidiana plenamente vigente.
Durante este período también dirigió las columnas literarias de varios periódicos, consolidando una segunda dimensión de su actividad: además de escribir, Shlonsky se convirtió en un importante mediador cultural, alguien que ayudaba a decidir qué autores y qué nuevas voces podían encontrar un lugar en la literatura hebrea emergente.
Gradualmente, se convirtió en uno de los principales representantes del grupo “rebelde” que reaccionó contra la poesía de Jaim Najman Bialik y de su generación. Shlonsky y sus compañeros manifestaban una particular aversión hacia aquello que consideraban los clichés y las formas ya cristalizadas de la poesía de sus predecesores.
No se trataba simplemente de una disputa entre generaciones. Lo que estaba en juego era también una concepción diferente de la literatura y de la lengua. El nuevo grupo pretendía crear una poesía vibrante, juvenil y vital, capaz de expresar la experiencia de una generación que estaba construyendo una nueva sociedad en Palestina. Frente a una tradición literaria que consideraban demasiado establecida, buscaban introducir nuevas voces, nuevas imágenes y nuevas formas de expresión.
La ruptura con la generación anterior tuvo, sin embargo, sus consecuencias. Durante años, quizás como resultado de esta postura y de su enfrentamiento con el establishment literario, la poesía de Shlonsky no fue enseñada en las escuelas junto con los poemas clásicos de Bialik, Shaul Tchernichovsky, David Shimoni y otros autores consagrados.
Pero la historia de la literatura hebrea terminó otorgándole un lugar central. La misma lengua que Shlonsky contribuyó a transformar terminó convirtiéndose en el vehículo de una nueva tradición literaria, en la que su obra ocuparía un lugar destacado.
En 1933, Shlonsky fundó el semanario literario Turim, vinculado a la sociedad “Yachdav”, de la que también formaban parte importantes poetas como Natan Alterman y Leah Goldberg. La publicación se convirtió en uno de los espacios desde los cuales se impulsó la renovación de la literatura hebrea.
Su tarea como editor fue tan significativa como su producción literaria. Shlonsky brindó a numerosos poetas emergentes la posibilidad de publicar sus trabajos y de incorporarse al circuito literario. Entre ellos estuvo Dahlia Ravikovitch, quien tuvo la oportunidad de publicar su primer poema en el trimestral literario Orlogin, editado por Shlonsky.
De este modo, su influencia no se limitó a aquello que él mismo escribió. También contribuyó a construir el campo literario en el que otros escritores y poetas pudieron desarrollar sus propias obras. Fue, en ese sentido, escritor, traductor, editor y descubridor de nuevas voces.
Shlonsky se destacó también por su decidido activismo en favor de Boris Gaponov. Gaponov, editor del periódico del Partido Comunista en una fábrica de automóviles de la Georgia soviética, había aprendido hebreo escuchando las emisiones de la radio israelí. Su vínculo con la lengua hebrea lo llevó a realizar una tarea extraordinaria: tradujo al hebreo la epopeya georgiana El caballero de la piel de pantera, de Shota Rustaveli, una de las grandes obras de la literatura georgiana.
Shlonsky impulsó la publicación de esta traducción en Israel y fue uno de quienes trabajaron para que Gaponov pudiera emigrar al país. Su intervención resultó decisiva para que aquella obra pudiera llegar al público israelí y para que su traductor pudiera finalmente abandonar la Unión Soviética.
Cuando Gaponov finalmente logró emigrar a Israel, ya se encontraba gravemente enfermo y al borde de la muerte. La historia de ambos quedó registrada en una imagen que los telespectadores israelíes de la época recuerdan particularmente: Shlonsky acariciando con cariño, casi paternalmente, la cabeza de Gaponov mientras este yacía en su lecho de enfermo.
La escena condensa, de algún modo, buena parte de la trayectoria de Shlonsky. Su relación con el hebreo no fue solamente la de un poeta con su lengua. Fue también la de alguien que entendía el idioma como un espacio de encuentro, de creación y de transmisión cultural. A través de la poesía, la traducción y la edición, Shlonsky contribuyó a hacer del hebreo una lengua capaz de albergar nuevas experiencias, nuevas voces y nuevas formas de imaginar la vida colectiva.