Sobre Héctor Timerman se podrán emitir muchas opiniones. En la era de la posverdad, cada quien se cree fiscal, juez y verdugo de la idea, o el personaje que menos le guste. El Memorando de Entendimiento con Irán, que intentaba destrabar el pantano en el cual estaba sumergida la causa AMIA, hizo que el excanciller se granjeara furiosos enemigos: el gobierno norteamericano, la derecha política argentina y la dirigencia comunitaria local. No se discutirá en estas líneas la conveniencia o inconveniencia de dicho acuerdo (que pudo ser bueno o malo, pero nunca constituyó un delito). Sólo mencionar que el proceso judicial, político y mediático desatado en su contra fue impiadoso, negándole el juez Bonadio la posibilidad de continuar en el exterior un tratamiento experimental contra un cáncer que lo devoraba. Acusado de los delitos de “encubrimiento” y “traición a la patria” (figura jurídica que no se aplicaba desde 1955), Héctor Timerman murió ayer de cáncer y tristeza.