Violencia interna, crisis política y económica, hambre y guerra, son las condiciones que afronta la población palestina desde aquel 11 de noviembre de 2004, cuando un portavoz del hospital militar de Percy anunció el fallecimiento de Yasser Arafat ante cientos de micrófonos y cámaras. Desde su muerte, los palestinos viven momentos cruciales tanto a nivel interno como en sus relaciones con Israel. Y es que la supremacía política del movimiento islámico Hamás no sólo ha agravado el conflicto con el Estado judío, sino que la rivalidad con el movimiento Al Fatah, el partido de Arafat, desembocó en una ola de violencia interna que el dirigente había conseguido siempre eludir gracias a su posición de líder indiscutible de los palestinos. Ningún islamista hubiera osado retar al presidente, que conseguía reunir inmediatamente a su alrededor a miles y miles de simpatizantes.