Hace apenas unos días, el mundo pudo ver como en Ceuta y Melilla, ciudadelas avanzadas de una Europa fortificada, se rechazaba violentamente a los africanos que pretendían ingresar allí como primera escala hacia el continente ansiado. Alambres de púas, palos, ninguna contemplación. Del otro lado de la cerca, Marruecos contribuyó a la cacería humana. En el mundo de la libre circulación de capitales y bienes, las vallas se alzan frente a las personas. La libertad, como siempre, cambia de parámetros de acuerdo a la extracción social, empeorando la cosa cuando las barreras tienen como pretexto visible la posesión o no de ciudadanía, el color de la piel, la religión, o todos esos factores a la vez. Y los antiguos imperios coloniales se oponen a sangre y fuego a compartir con los antiguos sometidos y esclavizados ninguna porción de su prosperidad.