El fascismo contemporáneo arraiga en las formas de vida metropolitanas. Estas formas de vida, motorizadas por el post fordismo, se inscriben -entre otras cosas- en procesos de informatización de lo social, la automatización de las fábricas, el trabajo difuso, la hegemonía del trabajo inmaterial y del llamado terciario (comunicativo, cognitivo, científico, preformativo, afectivo).
Las fronteras entre trabajo y no trabajo se vuelven difusas, los momentos de no subordinación salarial son puestos continuamente a movilizar como búsqueda de oportunidades rentables, cuando no de consumo. Se hace de la socialización extralaboral un ámbito descompuesto y bestial, predispuesto al ejercicio del dominio personal (al no haber un Amo estatal con su gran espada, la amenaza la tiene cualquiera que está al lado), la proliferación de micro-sociedades jerárquicas en el que resucitan los mitos de la autodeterminación étnica, de las raíces recuperadas, del “suelo y sangre” de supermercado; reestablece entre sus pliegues vínculos familiaristas, de secta o de clan, destinados a conseguir el disciplinamiento de los cuerpos que ya no proporciona la relación de trabajo.
Allí, en ese lugar -a decir de nuestro colaborador- está www.newabasto.com
El debate está abierto, y la posibilidad de la réplica también.