El Führer instaló Wünsdorf, a 30 kilómetros de Berlín, el cuartel general desde el que emitía todas las órdenes.
«Éste es un pueblo maldito y sus habitantes deberían sentir vergüenza, cerrar la puerta y marcharse para siempre», dice Peter Ellinghaus, de 72 años, un jubilado de esa misma ciudad. Para entender el enfado de Peter, hay que conocer Wünsdorf. A primera vista, esta localidad es un paraíso de la naturaleza, situado a poco más de 30 kilómetros al sur de Berlín, que cuenta con excelentes vías de comunicación por carretera y conexión férrea con la capital alemana.
Pero, como ningún otro rincón del mundo, este lugar está relacionado con la guerra y la muerte. Desde aquí se dirigió la invasión de Polonia, en 1939, que marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial.