Para quienes no conocen a los clubes de la comunidad judía, la integración de Hebraica y Hacoaj, sería el equivalente, salvando las distancias, a la fusión entre Boca y River.
Todo sonaba muy bien. El país estaba en crisis, la comunidad estaba destruida.
– ¿Qué sentido tenía mantener dos sedes en Capital con tan poca distancia entre una y otra?, frases como “unirnos nos hace más fuertes”, “nos une más de lo que nos diferencia” se oían cada vez más… Los dos clubes más grandes de la comunidad judía y, quién sabe, de Latinoamérica, pasaban a ser uno.
El Joint acompañaba con dinero y profesionales, campañas de socios a precios bajos con derecho a ambas instalaciones… los de Hacoaj en la pileta de la calle Sarmiento, y los de Hebraica remando en el Tigre.
Y entre tantos proyectos y tantas ilusiones algo se rompió.
¿Será que las reposeras de la pileta de Hacoaj no alcanzaban con tanta gente nueva?
¿Será que los socios de Hacoaj se tiraban estilo “bomba” en la pileta de natación de Hebraica?
¿Qué fue lo que realmente destruyó uno de los proyectos más importantes de la comunidad judía en los últimos años?
Para saberlo entrevistamos a ambos presidentes e intentaremos entender este fracaso de boca de los propios impulsores del proyecto.
Mientras tanto, hay un grupo de socios de ambas instituciones que trabajan conjuntamente para mantener vivo el proyecto y juran que con el cambio de autoridades durante este año, la integración volverá a ser un sueño posible.
Sin apresurarnos a conclusiones rápidas, ofrecemos ambas entrevistas para tratar de entender por qué, una vez mas, la voluntad de la mayoría no alcanza para alcanzar la concreción de un proyecto.