Parece que el vendaval ya pasó. Y pretendió ser mucho más que un globo de ensayo. Cuando la DAIA agradeció los servicios prestados, de los integrantes del Tribunal de Etica de la comunidad judía de la Argentina, con la otra mano ya estaba proponiendo la creación de otro tribunal sin tratar, siquiera, retener en sus cargos a los integrantes del actual. “¿Qué significó que la comunidad haya estatuido un Tribunal de Etica y después no vinculara sus acciones con los veredictos del Tribunal creado?”, se preguntaron, reflexionando ante Nueva Sión, Angel Schindel y Elías Neuman, Presidente y Vice -respectivamente- del Tribunal de Etica de la Comunidad Judía de la Argentina.
“Llegó un momento en que el Tribunal pareció Frankenstein, una vez creado nadie pudo pararlo, pero tampoco nadie se preocupó en apoyarlo. Son las instituciones centrales las que deben decidir si quieren tener un Tribunal independiente o no”, concluyen los máximos dirigentes del Tribunal que decidió no ser cautivo de los intereses políticos de ningún factor comunitario.