
Liberación de secuestrados: un festejo temporario, pero con dudas sobre el futuro
Como otras millones de personas alrededor del mundo, pasé el 25 de noviembre mirando reiteradamente las noticias, alternando entre enojo, frustración, esperanza y desesperanza. La jornada terminó con el éxito que esperaba (la liberación de 17 secuestrados del fatídico 7 de octubre, de los cuales 13 eran ciudadanos israelíes y 8 menores de edad) pero ese éxito se vio atenuado por un dejo amargo y preocupación por el futuro. El motivo de esta victoria preocupante es que la segunda jornada de liberación de rehenes evidenció más que nunca que el acuerdo de intercambios se maneja en función de los antojos y tiempos del grupo terrorista Hamas, con un Israel obligado a seguir los pasos de una melodía que no elige y que no le sienta cómoda, pero en un baile al que no puede elegir ausentarse. Esto aplica a la liberación de los secuestrados, pero también -podría decirse- a toda la guerra iniciada el 7 de octubre, lo cual proyecta sombras sobre el futuro.








