
Rabin sigue muerto
Treinta años después del asesinato de Yitzhak Rabin, el ex presidente de la Knesset Avrum Burg advierte que no solo cayó un líder: también murió la idea de que la razón podía sostener la política. Desde Israel hasta Occidente, el fanatismo ha reemplazado al pensamiento cívico y la fe en la democracia liberal. De Goldstein a Trump, de Amir a Putin, el autor ve una misma lógica destructiva que unió religión, nacionalismo y barbarie bajo la apariencia de política.








